El cocido maragato que llega a tu casa

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El cocido maragato que llega a tu casa

Mensaje por admiweb »

Empezamos a entrar en temporada de cocidos, esa especialidad que en España tiene casi tantas variantes como comarcas y que muchos asociamos con salir a comer fuera, con días de excursión, sobremesa eterna y paseos al frío. Algo que este año, al menos por el momento, la mayoría no vamos a poder hacer. Es cierto que uno puede preparar un cocido en casa, pero, reconozcámoslo, no es lo mismo. No solo porque nos falte el desplazamiento hasta ese lugar, que suele ser una casa de comidas tradicional a la que volvemos una o dos veces al año a cumplir con el ritual, sino porque además no siempre es fácil encontrar los productos adecuados.Seguir leyendoUn rey entra en un bar...Pocas cosas nos gustan más que una historia con nobles, soldados y princesas. Así que cuando encontramos un plato que destaca por su carácter humilde suele haber alguien que siente la necesidad de adornarlo con una tradición de esas que hacen que me pasen por la cabeza imágenes de Charlton Heston con armadura cabalgando por la playa en Technicolor mientras suena, de fondo, la música del No-Do. “Aixó es or, Xata”, dijo Jaime I de Aragón cuando probó la Horchata. O eso, al menos, se empeñan en contar los defensores de una versión de la historia. ¿Quién descubrió las tapas? Por supuesto; un rey, según la leyenda. O dos, ya puestos. Porque había que incluir un origen real para dar calidad a la película, pero no nos ponemos de acuerdo en si fue Alfonso X o Alfonso XII –esos dos palitos después de la X suponen 600 años de nada, pero que eso no nos detenga- el que entró en la venta aquella para encontrar su copa cubierta con un trozo de pan, o de jamón. O algo. El cocido maragato no podía ser menos. Aquí no hay reyes, pero sí ejércitos. La versión bélica de la historia cuenta que durante la invasión francesa las tropas españolas comían el cocido empezando por las carnes, la parte más apetecida, para que si había que entrar en combate antes de terminar de comer lo que se quedase en la mesa fuera la sopa. Otros dicen que eran los campesinos quienes, cuando veían venir a los invasores en la lejanía, se zampaban la parte contundente para que, cuando llegasen, los franceses sólo pudieran requisar la sopa.

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