[A por ellos] "El silencio", por Mikel Recalde

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Javier Clemente era un ciclón incontrolable en sala de prensa. Una máquina de hacerse enemigos. No he visto nada igual en mi cuarto de siglo como profesional. Lo he contado más veces. Mi primer día como contratado por un medio de comunicación, cuando viajaba de Madrid a Donostia, donde iba a ejercer de corresponsal, me llegó un viejo SMS confirmándome que la Real había contratado al técnico de Barakaldo. Para un periodista era, por una parte, una mina de oro estilo Kubo para la Real, porque cada vez que abría la boca subía el pan y me hacían espacio en las páginas del Diario As como Moisés abrió el Mar Rojo. Pero, por otra, era muy dura la convivencia con él. Agresivo, desconfiado, rencoroso… Faltón hasta el punto de que yo me resistía muchas veces a reírle ninguna gracia que supusiese agraviar a un compañero. Aunque a veces tuviese chispa, porque lo jodido es que en ocasiones la tenía. 
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