[A por ellos] "Los biberones de Benítez", por Mikel Recalde

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Me llama la atención el poco impacto que causó el fichaje de Rafa Benítez por el Celta. El fútbol carece de memoria y los menos veteranos incluso infravaloraron la operación al considerar, con esa imprudente osadía que suele acompañar a la bisoñez, que estaba acabado o que era el clásico técnico que ya se encontraba de vuelta en su carrera. Los que hemos seguido su trayectoria recordamos que comenzó desde abajo, como Imanol, pero en la exigente y selecta Fábrica blanca, donde solo los mejores o los que más nombre tienen tras sus gestas como jugador alcanzan la cima. Sin padrinos, Rafa escaló hasta el primer equipo, donde fue el segundo de Del Bosque, tras la destitución de Benito Floro. Como la de la gran mayoría de entrenadores, al principio su escalera a la gloria fue un camino con más espinas que rosas hasta que le llegó la gran oportunidad en el Valencia donde, después de estar con un pie fuera, formó un equipo de hierro y mucha calidad arriba que ganó dos títulos de Liga. Y una Copa de la UEFA. El técnico más laureado en la historia del siempre eléctrico banquillo ché. Como seguía sin percibir la confianza del Consejo, se cansó y se marchó al Liverpool, donde no tardó en convertirse en un Dios. Tras ganar la Champions más increíble de la historia, remontando un 0-3 al Milan de Ancelotti, en Anfield lucía una pancarta con el eslogan: “Rafa ha sido el mejor invento desde que llegó la patata a Europa”.
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