[A por ellos] "Un portero y un goleador", por Mikel Recalde

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La vida puede ser maravillosa. Después de tres meses de duro secuestro por el mercado, hemos sido liberados. Todavía hemos tenido que sufrir un día más de cautiverio ya en septiembre, porque son como niños y se les ha encaprichado alargarlo una jornada más sin excesiva justificación. No les voy a aburrir de nuevo con mi indignación e incredulidad por el hecho de que la ventana otra vez no se haya cerrado a cal y canto (no entra ni sale nadie, ni a Arabia ni a Katmandú) en el mismo momento en que echa a rodar el balón en la Liga. Aunque bueno, si uno lee o escucha la entrevista del tío del vomitivo y despreciable Rubiales, el campeonato debería pararse al menos durante un mes y que se lo pasaran en el temido (al menos en mi casa) rincón de pensar todos sus gestores, porque a nadie se le escapa que esto tiene que ser un punto y aparte si aspiramos a un mañana mejor.

Un portero y un goleador


Aquí seguimos a vueltas con la planificación de la temporada y con el debate abierto de si el equipo se ha reforzado bien o mal. Resulta complicado aventurarse a estas alturas de la campaña con un diagnóstico definitivo porque, como es normal, todavía es muy pronto y, por muy buena pinta que tengan, no sabemos cuál va a ser el resultado que van a dar las incorporaciones. Son melones por abrir, por mucho que las referencias sean óptimas. La semana en la que se ha cumplido el décimo cuarto aniversario del estreno de Alberto de la Bella y el décimo del gol maradoniano de Carlos Vela al Olympique de Lyon, me apoyo para hilar mi pregunta: ¿cuál de los dos fue la mejor incorporación de Loren? He visto a pocos jugadores tan desequilibrantes con la txuri-urdin como el mexicano, pero no tengo ninguna duda de que el gran acierto del actual director deportivo fue la contratación de un modesto y desconocido jugador que, cuando se filtró que la Real quería un lateral izquierdo del Sevilla, ni la prensa éramos capaces de atinar con su nombre. Alberto llegó, se hizo con la titularidad, fue clave en el ascenso y, como el equipo, pasó en cuatro años de no ser indiscutible en el filial hispalense a jugar la Champions en Old Trafford. Por eso digo que nunca se sabe lo que puede pasar, porque ni el mercado ni los futbolistas son una ciencia exacta.

Monchi, que ha perdido mucha credibilidad con sus nefastas y oscuras maniobras de los últimos meses pero que siempre ha tenido buen ojo para el mercado, dejó una frase que explica muy bien la incertidumbre de las inversiones de verano: “No creo que hay buenos o malos fichajes, hay buenos o malos rendimientos. Cuando algo no sale bien, lo peor es prorrogar el error”. A mí me gusta explicar la locura del gran bazar futbolístico con una frase que le dijo un técnico colombiano a uno guipuzcoano en una anécdota que espero no hiera sensibilidades: “Cuando vayas a fichar a algún colombiano, tú llámame. Y si es negro, ni me llames”. Lo mejor de todo es que él es negro. Nunca se sabe.

Al grano. A mí la apuesta de la Real me parece muy ilusionante, con expectativas altas, pero demasiado arriesgada. Y que conste que Olabe y Bretos se han ganado todo el crédito del mundo, como reconoció el propio Illarramendi en la entrevista en Mundo Deortivo. Otro buen entrenador, de los chapados a la antigua, siempre me decía que lo importante a la hora de construir un equipo es asegurarte un guardameta que pare mucho y un delantero que marque goles. Con sus más y sus menos, lo del arquero lo tenemos asegurado con Remiro. Pero lo del punta se encuentra todavía en un inquietante estado pendiente de evolución. Creo que no fui el único que se revolvió en el sofá viendo la actuación de Sorloth ante el Barcelona. Ojo, también con sus fallos, como siempre. No voy a entrar en valorar las negociaciones y si de verdad era el objetivo principal del club para apuntalar su delantera como dejó clarísimo en su comparecencia Olabe, pero si su petición era cobrar como los de la primera escala txuri-urdin, me parece muy lícito porque el año pasado el equipo se clasificó para la Champions gracias a sus goles. Ni más ni menos. Y eso son tangibles indiscutibles, números que son tan tozudos y que no pueden engañar.

Los técnicos sabían, porque también lo reconoció el director de fútbol, que a Sadiq le iba a costar entrar en el equipo y que Carlos tiene la necesidad de reconciliarse con el gol, una batalla que cada vez nos perturba más porque, por muy bien que haga otras cosas, su cometido es marcar, por lo que el refuerzo del delantero tenía que llegar con un requisito ineludible: rendimiento inmediato. No se puede entender que hayan decidido traer a André Silva que, no lo discuto, en su versión normal es mejor jugador que Sorloth (a ver si alcanza sus cifras), pero que ha aterrizado con una lesión muscular traicionera y muy peligrosa que arrastra desde hace tres meses. Por eso mi análisis, insisto a día de hoy, es que la planificación ha llegado tarde, eso es irrebatible, y que es, cuanto menos, arriesgada.

Tierney, en cambio, me parece un fichaje de plenas garantías, como seguro que demostrará desde hoy mismo, mientras que Arsen Zakharyan apunta al cielo, pero todavía no ha sacado la cabeza de la tierra. Su estreno en Las Palmas me sirve para explicar el arranque liguero de la Real. A pesar de que cuenta con una técnica exquisita, depurada y avalada por todos los que le conocen y le han visto, en su primer balón dio un pase atrás, pero lo falló por varios metros y se lo entregó a un rival que armó una contra que pudo ser letal. Al equipo le sucede lo mismo, promete mucho, aunque todavía está por ver si supera la alargada sombra de Silva y gana tantos partidos como los máquinas de Imanol de las últimas cuatro temporadas. El otro día, Xabi Prieto me comentó que “tenía muy buena pinta el ruso”. Palabra de leyenda. Y uno de los promotores de la planificación me dejó una frase que me encantó: “Es un jugón, de los que te gustan mucho a ti, Mikel”. Un 10 de toda la vida. Septiembre será un mes mejor. De certezas, lo que buscamos y necesitamos para confiar plenamente en el nuevo proyecto. El verde dictará sentencia. El mercado, las presentaciones y las promesas acaban siendo un continuo hablar por hablar… El proyecto está bendecido por el ojo clínico de Olabe y su unidad de reclutamiento; confiemos en que esta vez no se les haya ido la mano en una apuesta de riesgo. Ambiciosa, pero con peligro. Porque en un mundo impredecible como el fútbol, hasta el mejor escribano puede echar un borrón. Que se lo pregunten a Monchi…. ¡A por ellos! l

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