Este lunes se cumplen seis meses de aquel lejano 12 de agosto en el que la Real Sociedad arrancó la Liga recibiendo en Anoeta al Girona, así que hablamos ya de medio año de temporada, tiempo más que suficiente para calibrar la evolución del conjunto txuri-urdin. Sobre la “mayor competitividad” a la que suele referirse Imanol existen pocas dudas, habiéndose jugado 36 partidos y perdido solo cinco, todos ellos por la mínima. Tampoco admite discusión la apertura a presiones y ritmos más altos que ha permitido a los blanquiazules mantener el pulso de Champions a rivales frenéticos como Inter o Salzburgo. Y a partir de ahí, uno no puede evitar tener la sensación de que, durante ese camino hacia la rocosidad y hacia una mayor incomodidad para el adversario, se ha perdido también cierta capacidad de amenaza con balón.

1- IGUAL QUE EN EL SADAR. Osasuna apostó por tapar a la Real del mismo modo en que lo hizo en los dos partidos de ElSadar (Liga y Copa), incomodando allí a los txuri-urdin. Jagoba diseñó un 5-3-1-1 con Peña centrado en no dejar recibir a Zubimendi y con Aimar y Moncayola inicialmente recogidos, para salir fuera a por los laterales txuri-urdin (libres) cuando estos recibían. Detrás, Torró o los centrales corregían ese movimiento de los interiores.


Así se lo trasladé a Roberto Olabe durante el reciente encuentro que mantuvo con los medios de comunicación, y él me contestó que no lo percibía de ese modo, citando ejemplos de partidos en los que el equipo sí había estado fluído con el esférico. Se refirió, en cualquier caso, a duelos ante rivales proactivos que fueron a buscar a la Real, a presionarle, y que no se agazaparon como suelen hacer, sobre todo en Anoeta, muchas escuadras de la Liga. Como siempre digo cuando me refiero a esta materia, asumo que se trata de la asignatura más complicada en esto del fútbol: meter mano a un bloque medio-bajo. Pero, más allá de la dificultad inherente a estos contextos, el actual conjunto txuri-urdin no venía dominando de forma tan eficiente como antaño contiendas cerradas en las que el balón era blanquiazul y el contrario tapaba atrás líneas de pase.

2- LATERAL BAJO EN DERECHA. Consciente de que sería difícil conectar por dentro, Imanol preparó distintos mecanismos de ataque por banda, en función del costado elegido. Por la derecha, Aramburu recibió bajo para atraer a Aimar y contemplar dos opciones: el pase profundo a la ruptura de Turrientes o el envío al pie de Kubo, quien podía beneficiarse de la carrera del beasaindarra (hundía al central Herrando) para conducir hacia la frontal con la pierna buena.


Nótese que los verbos de esa última frase van conjugados en tiempo pasado, porque el derbi del sábado ante Osasuna significó un paso adelante respecto a citas anteriores, acompañando curiosamente el resultado en varias de ellas. El Celta tras ajustarse, el Athletic antes de ese 1-0 de Le Normand a balón parado, el Mallorca, el Salzburgo, el Alavés cuando se jugó once contra once… Todos cortocircuitaron aquí en Donostia a una Real que, a falta de soluciones propias de la calidad individual de sus futbolistas, sí se las ha ido arreglando sobre la marcha con las herramientas que se le proporcionan desde la pizarra. Imanol intuía el otro día lo que tramaba enfrente Jagoba, nada nuevo respecto a la doble cita de El Sadar. Y como respuesta preparó a los suyos con nuevas alternativas, matizando incluso la ya famosa salida de tres y dibujando en consecuencia un esquema a veces asimétrico. Al final se perdió 0-1, pero se jugó bastante mejor y se generó bastante más que en tardes felices cuyo marcador maquilló un problema.

3- ASIMÉTRICOS EN IZQUIERDA. Fue interesante comprobar cómo, el algunas acciones del choque, la Real matizó su ya habitual 3-3-3-1 con balón, dibujando una estructura asimétrica al no meter dentro a Zakharyan. El ruso fijaba a Areso, mientras Torró dudaba entre quedarse dentro con Merino o salir a por Galán. Con Unai García lejos del esférico para ayudar, los txuri-urdin se generaban un tres contra dos en la zona (blanca).


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