Análisis del Real Sociedad – Rayo Vallecano: "Desde la pizarra tampoco"

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La Real Sociedad está tiesa. El sábado contra el Rayo le faltaban ocho futbolistas importantes, entre internacionales, sancionados y lesionados. Muchos de los que jugaron no se encuentran al cien por cien. Y cuando un equipo comparece así sobre un terreno de juego, ni siquiera la pizarra y las flechitas consiguen aportar luz. A los txuri-urdin les habría costado doblegar al cuadro vallecano de todas todas, pero el técnico visitante, Francisco, le añadió de inicio al encuentro un par de capas adicionales de dificultad. Porque tuvo su lógica la apuesta de Imanol por el 5-3-2 de Balaídos (en Liga), ante un rival que en defensa podía comportarse como el Celta. Sin embargo, en esta ocasión el adversario supo ajustarse y matizarse a la perfección para contrarrestar lo que buscaba el esquema blanquiazul.

A lo que íbamos: luego fue Alguacil quien movió ficha, mediante un triple cambio con el que muchos nos las prometimos felices. Zubimendi en salida para dar fluidez al inicio de las jugadas. Urko dentro para fijar a Trejo y que Martin pudiera conducir con cierta comodidad. Y arriba, ante una defensa bastante adelantada, la velocidad de Becker y los buenos movimientos de Oyarzabal, dos piezas quizás más coherentes con el contexto que Sadiq y Silva. Un par de acciones del propio Zubimendi parecieron apuntar a una clara mejoría local en pos del triunfo, pero todo quedó en dos o tres chispazos prometedores. Cuando las fuerzas escasean y no hay energía suficiente para ejecutar un plan, la táctica nunca resultará suficiente, por muy acertada que esta resulte. Afortunadamente, en esto del fútbol crear suele ser algo más difícil que destruir, y a esta Real, gran esfuerzo mediante, sí le está dando aún para minimizar a sus contrincantes. Al Rayo lo redujo a la mínima expresión, adaptándose también a la estructura rival para facilitar que Pacheco se encargara de los movimientos interiores de Isi. Empate y a seguir. No queda otra.

Veremos a partir de ahora con qué efectivos puede contar Imanol. Traoré (Mali) y Kubo (Japón) entran ya en territorio de eliminatorias. Y respecto a las numerosas lesiones tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de hacer cualquier tipo de análisis, pues si no este correrá el riesgo de resultar demasiado precipitado. Hasta seis futbolistas habitan ahora la enfermería, cifra relativamente importante que frustra por lo que supone. Cuidado, sin embargo, con apuntar a la preparación física (lo más fácil), porque la naturaleza de cada percance habla por sí sola. Cinco de las seis dolencias en cuestión son traumáticas: Aritz (dedo del pie), Zakharyan y Barrene (tobillo), Carlos (rodilla) y Aihen (ligamento cruzado). Mientras, solo una, la de Kieran Tierney, implicab rotura muscular. Que conste en acta. 

1- LA IDEA DE IMANOL. El técnico repitió ante el Rayo el 5-3-2 del duelo de Liga con el Celta. La apuesta tenía todo el sentido del mundo, ante un cuadro vallecano que (como el propio Celta) suele presionar en 4-4-2 dando altura al mediapunta (Trejo). Se trataba así, sobre el papel, de meter mano a un rival de bloque medio-bajo aprovechando la superioridad en salida para conectar con un favorable tres contra dos interior (cuadro).


2- EL AJUSTE DEL RAYO. El panorama con el que se encontró la Real no fue el esperado. Estuvo muy acertado Francisco, técnico visitante, a la hora de ajustar a los suyos. Diseñó una presión bastante alta en la que Camello se emparejaba con Zubeldia, Isi con Pacheco y Trejo se quedaba dentro anclado con Zubimendi, para igualar tres contra tres en la medular. El Rayo dejaba a Le Normand sacar el balón, y controlaba atrás con tres jugadores a Sadiq y Silva (círculos).


3- PIEZAS MÁS COHERENTES. El triple cambio de Imanol aportó luz al partido txuri-urdin, dotándole de piezas más coherentes con el texto. Retrasar a Zubimendi y convertirlo así en hombre libre añadía clarividencia a las salidas. Además, ante un Rayo de zaga adelantada, el equipo podía agradecer el dinamismo de Oyarzabal y Becker, antes que las referencias de Silva-Sadiq. El mejor panorama, sin embargo, tampoco se tradujo en ocasiones claras.


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