Ander Barrenetxea se lo olía. El extremo se quedó fuera del primer partido del Europeo sub’21 del pasado verano ante Rumanía y sabía que esto significaba que no iba a tener un papel protagonista en el resto de la competición. No llegó ni a debutar en ese estreno porque Santi Denia se decantó por el bético Rodri y el extremo del City que está muy cerca de recalar en la Real, Sergio Gómez, y como las cosas funcionaban solo disputó un minuto en el segundo encuentro ante Croacia. Ya clasificados, frente a Ucrania disputó 73 minutos, pero en cuartos, ante Suiza, solo llegó a disputar 33 minutos y en semifinales, contra Ucrania, 31. Lo más pintoresco es que en la final, cuando se torcieron las cosas con el afortunado gol de Palmer de falta directa, salió a falta de 17 minutos y lo hizo ante la sorpresa de todos de lateral derecho.

Ahí están luego las temporadas que han protagonizado en sus respectivos equipos Rodri y Barrenetxea. El primero no ha logrado ni consolidarse en el once y el segundo, a pesar de que las lesiones no le han permitido tener la suficiente continuidad, ha deslumbrado a todos sobre todo en la Champions League. Especialmente en el doble enfrentamiento ante el Benfica, con la jugada del gol del triunfo en Lisboa con asistencia incluida y el tanto frente en Anoeta que era el 3-0 y probablemente se convirtió en el momento de la temporada.

Siempre internacional 

Internacional en todas las categorías, por una cosa o por otra Barrenetxea no acaba de convencer del todo a Santi Denia. Es cierto que fue el seleccionador quien le convocó para la sub’19 y para la sub’21, cuando todavía era un año menor que la gran mayoría de sus compañeros. Por eso no le ha extrañado demasiado que le haya dejado fuera de la convocatoria para los Juegos Olímpicos. Y, aunque a todo el mundo le atraiga vivir una experiencia de ese calibre, el hecho de que fuera plenamente consciente de que iba a tener otra vez un papel secundario en la competición provocaba que prefiriese quedarse en Zubieta y completar toda la pretemporada a las órdenes de Imanol para arrancar como un cohete. Y es que para los jugadores que suelen tener problemas físicos de forma recurrente suele ser muy importante tener estabilidad durante la fase de preparación estival y preparar bien el cuerpo para prevenir lesiones y alcanzar un óptimo estado de forma pronto.

Lo cierto es que lo de Santi Denia tampoco era nuevo, porque incluso en el Europeo sub’19 que ganaron en 2019 y aunque, insistimos, era más de un año menor que la mayoría de la selección, Barrene no fue titular en ninguno de los encuentros de la fase final que se disputó en Armenia. No hay que olvidar que esta campaña solo unos problemas físicos le impidieron ir convocado con la absoluta y llamaron a Bryan Zaragoza.

El donostiarra sabe que este tiene que ser su año de consolidación. Si el pasado despejó muchas de las pocas dudas que seguían teniendo los más escépticos y exigentes en cuanto a su fútbol, su misión para esta campaña deber ser demostrar que es fiable físicamente y que puede competir con regularidad y continuidad a lo largo de toda una temporada. 

El canterano tiene que mirarse en el espejo de Kubo, que nada más aterrizar en Donostia no tuvo reparos en señalar que su objetivo era participar en 20 goles, entre asistencias y dianas. No lo logró, pero se quedó muy cerca al quedarse a un tanto y a un pase decisivo. Sin embargo este curso se ha quedado corto tras el apagón que sufrió tras la disputa de la Copa de Asia en enero y se ha tenido que conformar con siete goles y cinco asistencias. 

El espejo de Kubo

Barrenetxea tiene 22 años, uno menos que el nipón que sin duda es un buen espejo en el que mirarse. Cuando los dos se han encontrado han hecho verdaderas travesuras y han firmado varios de los mejores instantes más brillantes de la campaña. Pero una vez superada, que no olvidada, la maldita y gravísima lesión muscular que sufrió en Vitoria, el extremo ha sellado sus mejores registros con cinco goles y dos pases decisivos. Considerado como una de las grandes joyas salidas de Zubieta en las últimas décadas, su talento exige que, como hizo Kubo, tenga que marcarse el reto de intentar alcanzar los dobles dígitos en ambas cuestiones. 

Hay que desterrar ya las preguntas que le persiguen, como el qué sería de Barrenetxea sin tantas lesiones… Las respuestas no deberían tardar en llegar más allá del próximo curso. Y las certezas. La realidad de un futbolista brillante. Se le espera

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