La Real no pudo derrotar al Girona y selló su clasificación europea con un inmerecido poco brillo. La grada ni lo festejó. No estaba para logros menores. Es lo que hay y el único responsable de que suceda algo así, por mucho que Imanol y los jugadores se puedan sentir molestos, son ellos. Ellos son los culpables por llevar una temporada de ensueño que les tiene a las puertas de un éxito imperial, como es la clasificación para la Champions League. Ellos son los responsables de generar muy poca felicidad al volver a abrir la puerta del viejo continente por no sellar el momento con la excelencia que ha acreditado en distintas fases de la temporada. Ellos son los penados por no haber mantenido una fiabilidad y una regularidad extraordinarias al haber ganado más de la mitad de sus duelos este curso y no ser capaces de hacerlo justo el día señalado. El primero de ellos, porque seguro que van a venir más y probablemente de mayor calibre. Pero que nadie lo olvide, la Real de Imanol hizo historia este sábado y acrecentó su propia leyenda al clasificarse para Europa por cuarta temporada consecutiva, un hito que solo había logrado la Generación de Oro desde 1978 a 1982. Ellos son los que tienen que recoger todo lo que han sembrado y, sin duda alguna, la diosa Fortuna no hizo justicia con sus méritos adquiridos durante todos estos meses con una consecución del objetivo prioritario marcado en un encuentro en el que dejó escapar una renta de dos goles.

No hay ningún equipo que vaya sobrado en este desenlace del campeonato. A todos les cuesta Dios y ayuda sacar adelante sus encuentros. De ahí el valor que tiene el haber vencido en sus últimas cuatro comparecencias ante su afición. La Real de los primeros minutos fue el rayo en mitad de la lluvia que cayó con insistencia antes del descanso y su exhibición le permitió ponerse con un claro e indiscutible 2-0 a los 23 minutos. Lamentablemente, el entramado defensivo txuri-urdin no tuvo la contundencia de otras tardes, lo que sin duda se evidenció en que le remataron más veces que nunca en casa. Casi todo lo que llegó a su área acabó en finalizaciones de un buen Girona, que sin duda se encuentra de dulce porque no solo logró salir airoso de lo que llevaba camino de ser una goleada, sino que redujo distancias en un disparo extraño de Couto y en la última acción del primer tiempo, muy mal defendida por Gorosabel, firmó el definitivo empate en una falta lateral que embocó Stuani, precisamente el que más vigilado debía estar por razones obvias.

En la reanudación la Real volvió a ser mejor pese a no tener el choque nunca bien controlado, pero esta vez le faltó puntería para llevarse el gato al agua.

Memorable Kubo Cabe destacar por encima de todo la actuación estelar de eléctrico e imparable Take Kubo. El partido podía haber durado un par de horas más que el japonés seguiría encarando, dejando cadáveres a su paso y generando sin freno ocasiones de peligro. En esta ocasión, la máxima para destacar a la estrella de un partido, “poco más podía hacer para ganar” se ajusta a su espectacular demostración, aunque sí le faltara el gol. Estuvo cerca en un buen chut al primer palo y generó los otros dos. De largo, el mejor fichaje de la campaña. Un futbolista de categoría mundial.

Imanol se mantuvo firme con su apuesta de las últimas semanas. A pesar de que el campo estaba muy pesado, no tuvo ningún problema en arriesgar con Zubeldia. Titánico el azkoitiarra, que sufrió una lesión muscular hace dos semanas, a quien el técnico le dijo que aguantara aunque solicitara el cambio en el descanso ante el Madrid, y que apenas se había ejercitado con sus compañeros esta semana. Da igual, él siempre se declara disponible para jugar. Con una bola en el tobillo o con una cicatriz sin curar en la ingle. Por algo tiene fama de no conocer la camilla de los fisioterapeutas de Zubieta hasta que llegó al primer equipo. El resto fueron los esperados, con Gorosabel por delante de Aritz en el lateral derecho. El Girona se presentó sin Taty Castellanos, su goleador de moda.

La primera parte fue una continuación del enloquecido y frenético duelo de ida. Dos equipos de vocación ofensiva, con muy buen pie en sus elementos ofensivos, que siempre prefieren pecar por arriesgar demasiado que por guardar la ropa. La Real protagonizó probablemente su mejor arranque de la temporada. Al minuto, Sorloth ya había generado peligro con un caño dentro del área y, segundos después, Aihen, que se reía esta semana cuando le preguntábamos en la entrevista por la posibilidad de que marcara, chutó con su pierna menos hábil, con la que había anotado su única diana con la txuri-urdin, pero la madera escupió la pelota. Casi a renglón seguido, Kubo encaró a Riquelme, este pecó de pardillo y le derribó. Penalti que transformó Oyarzabal. Incluso casi en la jugada siguiente, un acelerado Oriol Romeu le propinó un golpe con el brazo a Merino que debió ser castigado con otra pena máxima. Pero, bueno, mejor no perder el tiempo con un colegiado que confirmó lo que todos sabíamos, que es un incompetente supino. Lo mejor es que será complicado volver a cruzárnoslo esta temporada. La Real, con ventaja, fue un vendaval. Una sinfonía maravillosa con sus violinistas entonados con la que sometió a un Girona que se llegó a temer lo peor. Kubo finalizó sin tino una preciosa y precisa combinación local y Sorloth, con un pase de Zubimendi que hubiese firmado el mejor Xabi Alonso, no marcó tras evitar disparar con su derecha y hacerlo más forzado con la buena para que salvara David López. A los 24 minutos, el japonés sirvió en bandeja el segundo tanto a Silva y Anoeta se las prometía muy felices a ritmo de fiesta.

El caso es que Arnau, que es el arma secreta de Míchel porque aparece por todos lados, avisó poco después con un cabezazo. A Oyarzabal se le escapó un centro-chut con la derecha en otra muesca más del fútbol champagne txuri-urdin antes de que Stuani, también con la testa, pusiera a prueba los guantes de Remiro.

Fue la acción que cambió el signo del encuentro antes del entreacto. Couto anotó el 2-1 en una jugada en la que le conceden demasiado, Remiro volvió a salvar un disparo de Tsygankov, Oriol cabecéo fuera un córner y, en último minuto, Stuani empató con demasiada facilidad y comodidad.

Tras el descanso, el Girona prefirió apostar por tranquilizar la situación consciente de que no le beneficiaba seguir a tumba abierta con el empate. La Real mereció llevarse el duelo solo por el inconmensurable despliegue de Kubo, que hasta provocó que cambiaran a su deprimido marcador. Una jugada suya la definió de forma horrible, al muñeco, Silva, y en la otra portería Remiro salvó una mano al límite una buena dejada de Stuani. El nipón, en un remate seco al palo corto, y Aihen, en un centro-chut que salvó Gazzaniga, protagonizaran las mejores oportunidades locales antes de que Carlos cabeceara un córner al larguero.

Un 2-0 desaprovechado, dos palos, una exhibición imperial de Kubo y sólo un punto acabó siendo un bagaje frustrante para una Real que merecía entrar por la puerta grande en el viejo continente por cuarta temporada consecutiva. Pero todavía queda lo más importante, que llegará pronto seguro si sigue así. Y ese día será cuando todos bailaremos al ritmo que marca la gloria.

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