El fútbol tiene un aliciente de lo más excitante. Y es que, aunque a tu equipo le haya pasado de todo, después de una mala noche, con un error garrafal del portero que te deja con diez antes del descanso, y tras aguantar en pie toda la segunda parte salvo por un penalti en otro fallo imperdonable de otra de tus piezas clave, si llegas vivo al final del encuentro y te lanzas a la heroica al ataque impulsado por el aliento de tu apasionada afición, puede pasar de todo. Cómo explicar que la Real ha desperdiciado toda una primera parte ante un adversario que supo frenarle pero que sobre el papel se encuentra bastante por debajo de su actual nivel, que con once y con diez sólo había disparado una vez entre los tres palos, un chut centrado de Zubimendi, y que en el descuento de ocho minutos (que al final fueron diez), con la grada encendida y enloquecida, ha generado hasta cuatro ocasiones clarísimas para marcar además del gol del empate. Mira que estamos disfrutando como pocas veces este año con los blanquiazules, pero el tanto de Zubimendi ha sido probablemente el más celebrado de toda la temporada. No hay nada más bonito y emocionante que los tuyos anoten en el último aliento, cuando ya parece todo perdido. Si Merino llega a atinar con el cabezazo cuando se rondaba el minuto 100, la algarabía ya hubiese sido mundial. 






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Real Sociedad – Alavés: Las Notas de Mikel Recalde
Mikel Recalde

El éxtasis final, insistimos, de los que se recuerdan durante años por cómo se produjo, atacando como si fuese la caballería y a pecho descubierto, no puede esconder que la Real tiene un problema. Se ha vuelto a dejar dos puntos en Anoeta ante un adversario de la parte baja. Y ya son muchos los tropiezos que viene sufriendo en su guarida. Los números son tozudos y no engañan. Los de Imanol han disputado esta temporada trece partidos en Anoeta y únicamente han ganado seis. Un registro revelador al que se debe poner solución cuanto antes si pretende aspirar a luchar por cotas más altas en una temporada en la que la irrupción del Girona y el buen momento del Athletic han subido el nivel de la exigencia. 

Suelen decir que el fútbol es un deporte de errores y las dos pifias de Remiro y Merino ha convertido casi en una quimera el mero hecho de rescatar un punto. El portero se ha tragado un balón largo de Sivera, al medir mal, y, lo que es peor, sacar la mano como quien no quiere la cosa para cortarlo y evitar el gol de Rebbach a puerta vacía. Es fácil decirlo viéndolo desde la grada, pero era preferible que hubiese tenido la frialdad de asumir la equivocación y permitir que los visitantes se adelantaran. Hasta el mejor escribano echa un borrón y no admite ninguna discusión de que Remiro es uno de los mejores porteros de la Liga y que su temporada sigue siendo excepcional. Pero, bueno, la errata será de las que se recuerdan porque la liada era tremenda en el minuto 36. No hay un puesto más ingrato que el de la portería. El otro lado de la moneda ha sido Marrero, que ha debutado en la Liga, se ha mostrado firme y seguro y tendrá el premio de ser titular en San Mamés

Para colmo, en una segunda parte en la que el equipo estaba controlando sin ningún apuro los ataques del Alavés, Merino se ha tragado un recorte de Guevara y ha dejado la pierna. Ha protestado mucho, pero todos sabíamos que había pecado, porque el alavesista no es de los que se tira y lo ha celebrado muy rápido y porque el navarro es reincidente en estas lides. Con esas dos torpezas era complicado creer en sumar, pero, visto lo mucho que ha generado la Real en los minutos finales en su ofensiva a tumba abierta, tampoco se puede catalogar de milagroso que haya igualado y haya salvado la estadística de que este curso sólo ha perdido contra los tres rivales que le precedieron en la tabla el curso pasado. 






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Las mejores fotos del Real Sociedad – Alavés
Ruben Plaza

Imanol se ha decidido por el once de gala, con permiso de Barrenetxea, que ha llegad un poco justo al encuentro y aún con molestias en su tobillo. Pero, como es normal, esta temporada no se la quiere perder nadie y el que se va a Sevilla, por los motivos que sean, luego puede encontrarse con la desagradable sorpresa de que ha perdido su silla. En la última función con Traoré, Sadiq y Kubo por la disputa de la Copa de África y de Asia, Tierney ha sentado a Aihen y André Silva ha sido el delantero centro. 

En el Alavés, Luis García se ha decantado en el once por sus intocables tres exrealistas Gorosabel, Guevara y Guridi. Y Tenaglia de improvisado central por las bajas. 

La primera parte ha sido probablemente la peor de la Real de lo que llevamos de temporada. Una cosa es jugar muy bien al fútbol, como ha demostrado en muchos momentos de la temporada este equipo, y otra salir sin la energía ni la agresividad indispensable para dominar y superar al visitante. No puede ser que en la Liga haya muchos rivales que estén cómodos. Encima conocen mucho mejor a los realistas, les tienen estudiados y saben cómo frenarles

El Alavés se ha replegado con mucho orden, lo que le ha permitido no pasar ningún apuro en la primera parte. Incluso ha estado cerca de marcar a los trece minutos, en un robo de Guridi a Zubimendi que acabó salvando Zubeldia el remate del azpeitiarra. A los 18 minutos, un centro-chut de Traoré, cuya intensidad y beligerancia han puesto en evidencia a muchos de sus compañeros, se ha escapado rozando la escuadra. La Real, a trote cochinero y muy previsible, no encontraba ningún resquicio en el muro babazorro con su juego de pases cortos, por lo que también ha recurrido a bastantes balones buscando la espalda a la zaga. Oyarzabal no ha podido finalizar un buen servicio de Brais y el rechace lo ha enviado alto Merino de cabeza. En el minuto 36 ha llegado la torpeza de Remiro, cuyo paseo lejos del área ha recordado al que protagonizó en su día en el Villamarín y ahí cambió todo. 

Bueno, todo no, porque Imanol se la ha jugado al sacrificar a André Silva (al pobre le ha mirado un tuerto) y al mantener a los titulares obligándoles a hacer un sacrificio titánico. Incluso los realistas han estado cerca de ponerse por delante en un balón que ha salvado bajo palos Rafa Marín y en un tímido chut de Zubimendi tras una bonita jugada de Kubo. El japonés se ha echado el equipo a sus espaldas con un valor y un desparpajo fuera de lo normal. Se atreve con todo. No sé si somos conscientes de lo que va a suponer perderle un mes. 

Rioja ha adelantado desde los once metros a los babazarros, probablemente de la única forma que podían anotar, y ya con los soldados de refresco en el campo y en plena locura desatada, el árbitro ha pitado penalti de Rafa Marín a Zubeldia. Aunque le puede dar con el codo, parece que ha acertado al corregir su decisión con la ayuda del VAR. 

En el apoteósico arreón final, Kubo ha estrellado un disparo en el larguero, Zakharyan se ha topado con Sivera en un remate forzado a bocajarro, Sadiq ha cabeceado el saque de esquina demasiado centrado… Hasta que Zubimendi, que iba con capa por el campo al aparecer por todas partes, ha tirado de fe para encontrarse un rebote procedente de Merino y marcar en un chut pegado al palo en el minuto 96. En la acción siguiente, Merino ha cabeceado fuera un centro de Sadiq, que había sido clave en el gol al bajar el servicio de Zubimendi

Ha sido muy bonito, muy emocionante y muy estimulante. De lo más apasionante que hemos vivido este año en Anoeta. Lo que quieran. Pero cuando se ha vaciado el estadio, la sensación que hemos tenido todos es que la Real estaba obligada a ganar este partido y que sigue dejando escapar muchos trenes. Le están pasando demasiadas cosas últimamente y pocas son buenas. Si pretende soñar a lo grande, no puede regalar y conceder tanto. Los emisarios del PSG seguro que han cenado y han dormido a pierna suelta en Donostia. No son para tanto, habrán pensado. Y tienen razón, el nivel de la Real de ha estado muy lejos del que exige la Champions. Bueno, y la Liga.

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