[Crónica] Real Sociedad – Getafe: Brais y los tres mosqueteros (4-3)

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Eran uno, dos y tres los famosos mosqueteros a lo que Imanol tuvo que recurrir en el minuto 58 para que apagaran un fuego que había generado el siempre incómodo Getafe. Zubimendi, Merino y Oyarzabal acudieron al rescate y no tardaron en voltear un encuentro que se había puesto muy feo y en el que el equipo con rotaciones era incapaz de remontar el doloroso 1-2 que marcaba el luminoso. El gran D’Artacan siempre va con ellos. Brais Méndez es la cuarta espada para acabar por cosechar un triunfo vital ante un adversario tan áspero. El gallego convirtió su metal por momentos en una varita mágica y fue clave en los cuatros goles txuri-urdin. En el primero hace la jugada, caño incluido, antes de asistir a Kubo. En el segundo, provocó el penalti. En el tercero, anotó a puerta vacía tras una salida suicida de Soria a lo Supercoco. Y en el cuarto, filtró un balón precioso a Merino que acabó convirtiendo en gol Oyarzabal. Aparte de eso y en lo más destacable de su actuación, asumió el rol de líder ante la falta de varios de los referentes blanquiazules y abarcó muchísimo campo. Es un futbolista extraordinario, con una edad perfecta, 26 años, en plena madurez futbolística, aunque todavía, gracias a su talento y a las veces que se ha reciclado, con un elevado margen de mejora. Si alcanza el nivel al que aspira, será complicado poder retenerle. Aunque si Merino sigue aquí, será por algo y jamás habrá que perder la esperanza.






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Real Sociedad – Getafe: Las notas de Mikel Recalde
N.G.

La Real ganó el partido de la semana que tenía que ganar. De manera obligada. No caben más excusas en casa ni margen para los despistes inesperados y evitables, por el simple hecho de que en las dos primeras jornadas se pinchó ante Girona y Celta. El triunfo se antojaba muy necesario ya que el partido se disputó cuatro días después del sobreesfuerzo de Champions ante el Inter y porque nos adentramos en una semana en la que hay que visitar el siempre complicado Mestalla y el sábado llega el derbi, con el vecino más enchufado que nunca en estos últimos años. En la gran virtud de la Real está el problema. Porque su unidad A es mucho mejor que la B, como quedó demostradísimo ayer aunque tampoco haya que cargar tintas con los que juegan muy poco. El equipo certificó de nuevo que tiene muchísima facilidad para hacer goles a pesar de jugar sin 9 puro, pero tiene que tomarse muy en serio la seguridad y su contundencia en defensa porque no siempre va a ganar todos los partidos en Donostia si su visitante le clava tres goles, como el Granada antes y hoy el Getafe. Kubo, Brais y un doblete de Oyarzabal, que celebró a lo grande su próxima paternidad en un gesto que puso patas arriba a Anoeta, fueron los artífices de la remontada txuri-urdin, algo que, como todos sabemos, no solemos paladear a menudo.

Imanol introdujo los comprensibles cambios, aunque quizá no fueran los elegidos esperados. En la defensa solo entró Aihen por el tocado Tierney, pero en el centro del campo, Zubimendi, que ha estado enfermo toda la semana, dejó su sitio a Urko González de Zárate, que se estrenaba de titular en Anoeta, y Beñat Turrientes sentó a Merino. En la punta de ataque, el técnico se decantó por un delantero centro puro como Sadiq, que también era la primera vez que jugaba de inicio ante su afición, con los intocables Barrentexea y Kubo en las bandas. Enfrente el Getafe, con su misma versión de siempre. Se habla mucho de la impronta bajo sospecha y poco ética de Bordalás, pero cuando vino con el filósofo Quique Sánchez Flores jugó de la misma manera. Fue el mismo perro con distinto collar. Cuando te enfrentas a los madrileños sabes de sobra que te esperan dos horas inaguantables e insufribles al borde de un ataque de nervios. Si encimas te ganan, ya puedes acostarte pronto para pasar página. Por ese motivo debería estar prohibido que te recibiese tan pronto, a las 14.00 horas. Un argumento incluso más relevante que el fuerte calor, con 28 grados y una humedad del 73% con el que se disputó el duelo ayer.






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Real Sociedad – Getafe: Las mejores imágenes del partido
Ruben Plaza

Esta vez el partido no pudo empezar mejor, porque después de que Mayoral lanzara tímidamente a puerta a los nueve segundos, en el minuto 2, Brais se llevó la pelota limpiamente en un forcejeo con Maksimovic y tiró un caño a Alderete antes de asistir con precisión a Kubo que batió a Soria con su habitual primer toque al palo largo. Pero el gol ni tranquilizó ni tampoco activó a un equipo anestesiado y con las piernas cansadas al que le costó horrores imprimirle ritmo y continuidad a su juego. Cerca de los veinte minutos, un servicio espectacular del emperador Zubeldia, no lo convirtió en gol Turrientes, a pesar de haber controlado bien, pero perdió pie en la pugna con Alderete en una acción que no pareció penalti. Poco después una combinación entre Kubo y Barrenetxea acabó con el centro del primero que no encontró a Sadiq, que vivió permanentemente desconectado de su equipo y de su juego. Un cabezazo de Maksimovic en un saque de esquina que se encontró Remiro fue el comienzo de un bajón físico y de fútbol tan evidente como el de las postrimerías de los 90 minutos ante el Inter. Este Getafe es así. Te hace parecer que es muy inferior, parece por momentos indolente y cuando te confías se ha plantado dos veces en tu área y le ha dado la primera voltereta al marcador de la tarde. Algo que habla bien de su capacidad para competir. Un fallo en la salida de Urko acabó en un centro de Rico que cabeceó Aleñá a la red picándola de cabeza. Un vez más decepcionante Le Normand, que esperemos recupere pronto la capa de superhéroe que ha perdido en alguno de sus destinos de verano. Ya en la prolongación, tras una posible falta que exageró Traoré, el bretón se tiró al suelo demasiado pronto y Mayoral no desaprovechó la ocasión para buscar el contacto y provocar la pena máxima. El mismo exobjetivo txuri-urdin transformó el lanzamiento con un chut al centro. 

La bronca de Imanol en el descanso, que debió ser de campeonato, no despertó al equipo, que se pasó un cuarto de hora sin apenas crear peligro ni cambiar el signo del duelo antes de que compareciera el séptimo de caballería en el minuto 58. Y su efecto no tardó en sentirse, ya que un balón interior de Merino a Brais acabó con un derribo por detrás de Mitrovic. Oyarzabal no falló ante Soria, que le había parado un penalti el curso pasado y estuvo apunto de repetir hazaña. Con la Real volcada, Damián dio el gran susto en una jugada cuyo origen está en un saque de banda y que peina un getafense en el área. No son admisibles esas facilidades y esas concesiones en Primera. Aunque pocos segundos después, el regalo de los madrileños, en este caso de Soria con una salida larga sin sentido a un saque de banda de Aihen, acabó en un balón suelto que Brais alojó en la red con la testa. El propio gallego estuvo cerca de hacer el cuarto de falta. Ya en los minutos finales, en los que se fueron animando todos, sobre todo Kubo, al ritmo con varias marchas más que marcaban Zubimendi y Merino, arribó el cuarto gol con un balón adentro precioso del de Mos, que el pamplonés bajó para servir a placer a Oyarzabal, quien no desaprovechó el regalo. El linier, que tenía una facilidad para levantar la bandera asombrosa, lo anuló pero el VAR le corrigió y bien que se celebró con el anuncio de la próxima paternidad del capitán incluida. En el descuento, los realistas le permitieron centrar a Rico y su servicio lo cabeceó Latasa, que se adelantó con demasiada facilidad por arriba a Pacheco.

No hubo que sufrir demasiado. La Real se come el primer pan con mantequilla de la Liga tras su exhibición en la Champions sufriendo mucho y manifestando de nuevo una descompensación patente entre su unidad A y su unidad B. El crecimiento de su potencial en los últimos años también resulta evidente, porque el partido de hoy no lo habría ganado como no lo hizo en temporadas previas en las que el Getafe se puso por delante en Anoeta. Sí, es cierto, parece que nos quejamos de vicio, porque siempre exigimos pegada a este equipo y en las dos últimas jornadas en Liga en su hogar ha visto puerta con facilidad. Todos queríamos más goles, pero que quede claro que solo nos gustan los que marcan los nuestros. Hay que cerrar el grifo ya. Estamos de enhorabuena, otro triunfo y el Getafe (ojo, duro y meritorio rival también en lo futbolístico) ya no vuelve hasta el curso que viene. No le vamos a echar de menos. Que pase el siguiente.

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