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Real Sociedad
Tsubasa Kumano
Diego Fernández Tortosa
San Sebastián
Tsubasa Kumano se comunica alternando el castellano con algunas palabras en euskera. Sabe que para llegar a España tiene que coger dos aviones y un … tren, pero no tiene «ni idea» de qué va a hacer durante el partido, ya que ni siquiera cuenta con «sarrerak» para La Cartuja. Pero esos obstáculos no le van a impedir sobrevolar los once mil kilómetros que separan su Tokio natal con la capital andaluza.
Su particular odisea para ver a la Real en la final de la Copa del Rey comienza el jueves 16 de abril en el aeropuerto de Haneda (Tokio), donde embarcará en el primer avión de la jornada para llegar a la terminal china de Shangai tres horas después. Después de una escala indeterminada cogerá otro avión para llegar a Barajas el viernes 17, casi 14 horas después. En la capital del Estado le espera un tren que le llevará a Sevilla por la tarde. La experiencia de la final concluirá el 22 de abril, día en el que emprende desde Madrid la vuelta a Japón. «Los vuelos internacionales a Europa son complicados ahora porque está la guerra de Oriente Medio», afirma.
Al ser preguntado por el precio total del transporte sólo le queda resoplar. «Menos mal que me quedo en casa de un amigo de Sevilla para dormir, porque madre mía… Los vuelos han costado un poco más de 1.500 euros y el tren menos de 100 euros».
Si ya de por sí las 19 horas que dura el viaje dan vértigo, Tsubasa va a recorrer el mundo él solo, ya que ningún otro peñista le acompaña al no tener entradas. Pero este partido no es el desplazamiento más largo que ha realizado por ver a la Real Sociedad. «Hace unos años fui a Niza por el partido de Europa League, pero sin duda es el más especial de mi vida. Por fin vamos a poder disfrutar de una final con realzales en el público, que nos lo merecemos. Además, tampoco conozco el sur de España, así que intentaré aprovechar para disfrutar de la ciudad», afirma a este periódico desde el otro lado del teléfono y a nueve horas de diferencia.
El partido, supone, lo verá junto a otros aficionados en la Fan Zone y tiene claro que si la Real gana la copa va a celebrarlo «con un montón de kalimotxo». «Va a ser una fiesta y un momento muy bonito porque voy a poder reencontrarme con un montón de amigos. Veo muy posible poder ganar la copa ahora que Turri y Kubo han vuelto», augura, a la vez que confía en «la calidad de Matarazzo» en los banquillos.
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Para poder presenciar el partido, este aficionado ha tenido que pedir vacaciones en la oficina de Marketing de Toyota en la que trabaja. «Mi jefa me dijo que hiciera lo que quisiera. A ella también le gusta el fútbol y entendió mi petición. También es verdad que he tenido mucha suerte porque desde abril mi porción de trabajo va a reducirse», comenta alegre.
Conversar con Tsubasa es el fiel ejemplo de que la Real Sociedad traspasa fronteras. Su idilio con Gipuzkoa comenzó mientras estudiaba Arquitectura en la facultad de la EHU del barrio donostiarra de El Antiguo. «Tengo mis razones para amar la Real, no es solo por Takefusa. En la Universidad conocí muchos aficionados, con los que hablé de fútbol y me trasmitieron la pasión por la Real. Me encantó la filosofía de la cantera y que jóvenes formados en las categorías inferiores como ‘Turri’ o Barrenetxea acaben triunfando en el primer equipo», destaca.
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El destino no solo le puso a la Real en su camino, sino también a una novia del Athletic. «Es de Sondika y no viene porque es del Athletic, pero vivimos el fútbol con mucha pasión y deportividad», afirma. El derbi de la semifinal la vieron juntos en la casa de ella en Tokyo, a pesar de que era «las cinco de la madrugada». «Cada uno llevaba puesta la camiseta de su equipo. Cuando marcó Oyarzabal fue impresionante, y todavía más teniendo en cuenta que era contra el Athletic. Tras el penalti me tuve que contener para no gritar y luego no pude volverme a dormir de la emoción, aunque desgraciadamente después tuve que ir a trabajar», afirma.
Es el presidente de la peña ‘Reala Nippon’, que en estos momentos cuenta con 50 socios (48 japoneses y 2 vascos). «Somos realzales. Mi labor en la peña se basa en intentar ganar más aficionados para el equipo. A todos ellos les gusta la Real, pero también están enamorados del País Vasco porque saben que la cultura es preciosa y están intentando aprender euskera».
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