Una operación conjunta llevada a cabo por la Guardia Civil, la Ertzaintza y los Mossos d’Esquadra ha culminado con la detención en Guipúzcoa de un joven de 17 años. Las autoridades le consideran el principal referente en España de la organización extremista conocida como red 764, dedicada a la captación y explotación de menores a través de internet.
Según ha detallado el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco, al detenido se le atribuye el envío de numerosas falsas amenazas dirigidas contra centros educativos, ayuntamientos, bibliotecas y diversos organismos públicos durante los primeros meses del año. En estos mensajes, el joven anunciaba tiroteos y ataques armados que, si bien nunca se materializaron, provocaron una grave alarma social y obligaron a desplegar dispositivos extraordinarios de seguridad.
En todas sus comunicaciones amenazantes, el menor alardeaba de su pertenencia a la citada red y llegaba a advertir de que retransmitiría en directo, mediante una plataforma online, los asesinatos que pretendía cometer para disfrute de otros integrantes del grupo. Entre sus objetivos también se detectaron ataques dirigidos contra un conocido centro de ocio y diferentes ciudadanos particulares.
La investigación policial ha destapado que el arrestado utilizaba técnicas informáticas de swatting, doxing y suplantación de identidad. Estas prácticas, muy habituales en comunidades radicales de internet, tienen como fin señalar a personas inocentes para provocar intervenciones policiales injustificadas, generar situaciones de alto riesgo y desviar la atención de los agentes. Como resultado directo de estas acciones, al menos dos personas sufrieron campañas de hostigamiento en el País Vasco y Cataluña.
Las pesquisas han revelado un alto grado de sadismo en su actuación. El cabecilla de la trama participaba activamente en espacios digitales donde se ejercía una brutal manipulación psicológica sobre jóvenes vulnerables. Allí se inducía a las víctimas a la autolesión, obligándolas a grabarse mientras se realizaban cortes en los brazos e incluso a escribir en su propia piel los alias de sus captores. También se detectaron casos de humillación extrema en los que se forzaba a los menores a exhibir mensajes escritos con sangre o heces, difundiendo después las imágenes para garantizar el control y sometimiento del grupo.
Tras meses de minucioso trabajo coordinado, el pasado 16 de julio se efectuaron diversos registros en dos inmuebles de Guipúzcoa vinculados al sospechoso. Durante la intervención, las fuerzas de seguridad incautaron material informático y de almacenamiento clave para probar su implicación con la organización internacional. Tras pasar a disposición judicial, el adolescente se encuentra cumpliendo una medida preventiva de internamiento en un centro especializado.
La organización conocida como 764 tuvo sus orígenes en Estados Unidos y debe su nombre a los tres primeros dígitos del código postal de Stephenville, una localidad de Texas donde nació su fundador. Lo que comenzó en sus inicios como una comunidad virtual marginal en los rincones de internet ha experimentado con el paso de los años una rápida y peligrosa evolución, transformándose en una red de alcance internacional con ramificaciones y presencia en diversos países. En la actualidad, 764 está catalogada en el ámbito global como una de las comunidades digitales más extremas y peligrosas de los últimos tiempos. Por este motivo, diversas agencias e instituciones de seguridad de todo el mundo mantienen abiertas múltiples investigaciones sobre sus actividades, llegando países como Canadá a clasificarla formalmente como una entidad terrorista.
En cuanto a su modo de operar, los integrantes de este grupo buscan de forma activa y deliberada a menores de edad y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Para lograrlo, se infiltran en los entornos digitales habituales de este público, tales como redes sociales, aplicaciones de mensajería instantánea y servidores o plataformas de videojuegos. La captación no suele ser directa ni violenta desde el principio, sino que se enmascara inicialmente tras aparentes relaciones de amistad, grupos con aficiones comunes o comunidades de juego. Sin embargo, una vez establecido el contacto, la dinámica deriva gradualmente hacia situaciones graves de manipulación psicológica, chantaje, extorsión e inducción al aislamiento de la víctima respecto a su entorno más cercano.
Ante esta amenaza, las autoridades recomiendan que tanto las familias como los educadores y los propios menores mantengan una actitud de constante prevención y vigilancia ante cualquier contacto o comportamiento sospechoso en la red. Resulta fundamental prestar atención a señales de alarma como las peticiones de fotografías o vídeos privados, las exigencias de mantener conversaciones en secreto, las incitaciones a la autolesión o las presiones para participar en retos peligrosos y degradantes. Desde Seguridad insisten en que la detección temprana y la comunicación fluida con el entorno familiar, los centros educativos o las fuerzas de seguridad representan la principal y más efectiva herramienta para evitar que niños y adolescentes caigan en las redes de este tipo de organizaciones criminales.


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