El análisis del Granada – Real Sociedad de la 28ª jornada de Liga

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Arrastrando la mala racha que arrastraba, la Real Sociedad se plantó el sábado en el descanso de Granada perdiendo 2-1 contra un rival casi desahuciado, salvada por su portero de una desventaja mayor y viendo además cómo el Valencia le había empatado unas horas antes en la séptima plaza de la clasificación. Los txuri-urdin terminarían luego remontando el partido, pero más allá del qué toca destacar el cómo, que diría Imanol. Se le podía haber dado la vuelta al encuentro juntando arriba a Sadiq y André Silva y cosiéndoles a balonazos. Podía haber sonreído la fortuna con un par de rebotes para acabar cantando victoria. Pero los tres puntos, de oro, llegaron tras aplicar a rajatabla el plan A previamente trazado por el entrenador. La victoria revitaliza y tiene que suponer un punto de inflexión, por lo que significa en lo numérico (43 puntos ya) y por la personalidad desde la que se logró.

1- SUFRIENDO EN LAS ALAS. El inicio del partido estuvo marcado por el sufrimiento txuri-urdin ante el juego directo del Granada. Imanol matizó en fase defensiva determinados repartos de espacios (Brais, Oyarzabal y Merino) para apretar a un rival que se saltó el bloque alto realista con un juego directo al duelo Traoré-Jozwiak. Además, los locales ganaban caídas y segundas jugadas para abrir a Pellistri, siempre ganador ante Galán.


Supongo que el entrenador de los andaluces, Cacique Medina, habría preparado el partido que planteó fuera cual fuera la meteorología. Doy por hecho que, con sol o con tormenta, habría apostado sí o sí por un encuentro intenso, de juego directo, de mucho duelo y de aperturas a banda, principalmente a Pellistri, una vez que se ganasen peinadas o caídas en el sector opuesto del campo. El caso es que resultó inevitable tener la sensación de que la lluvia y el estado del terreno de juego, rápido y dado alas imprecisiones, reforzó sobremanera la hoja de ruta nazarí. Controles largos, resbalones, pases imprecisos… Sí, el campo estaba así para todos, pero la Real necesitaba tocar el piano con precisión quirúrgica, y al adversario le interesaba en mayor medida un concierto de rock and roll con los decibelios a tope. Menos mal que Remiro se puso a repartir tapones para los oídos. Permitió a los suyos llegar vivos al descanso. Perdiendo, pero sanos y salvos al fin y al cabo.

2- DESDE FUERA HACIA DENTRO. No se puso nerviosa la Real tras su mal primer tiempo. Y mejoró a partir de las recepciones bajas de Tierney, más inspirado que Galán. Las flechas de la imagen ilustran las distintas soluciones que se le ofrecieron al escocés: recepciones de un escorado Merino, balones para Brais a la espalda del doble pivote local, envíos profundos a Oyarzabal… Siguiendo el guión previamente trabajado, el equipo logró variar la dinámica del encuentro.


Me gustó luego el arranque txuri-urdin en la segunda mitad, unos diez minutos en los que, sin modificar el guión pero ejecutándolo con mayor acierto, el equipo logró generar interesantes superioridades que se tradujeron en poca cosa. El festival de pérdidas de tiempo e interrupciones enfrió después los ánimos blanquiazules. Pero no tardó en regresar esa versión dañina de la Real, primero dando continuidad a las recepciones de Tierney como inicio de todo y al final ya, con el Granada descosiéndose, explorando pasillos interiores que durante los primeros 85 minutos habían resultado impenetrables. Ahora sí que sí, arranca una nueva temporada, con semanas limpias entre jornada y jornada y tiempo suficiente para el descanso. No esperemos el nivel otoñal de los Kubo, Brais, Merino y compañía, pero hay colectivo e ideas para conquistar el objetivo.

3- EL 2-3, TRAS CONEXIÓN INTERIOR. Se pegó una buena ‘rajada’ el entrenador local tras el encuentro, criticando el modo en que Villar y Hongla entraron al partido. Lo cierto es que, pese a acreditar piernas frescas, ambos vieron cómo, dentro de un contexto de fatiga general en el Granada, la Real conseguía ya enganchar por dentro para generar el definitivo 2-3. La lógica apuntaba a que, con el paso de los minutos, aparecerían los pasillos interiores.


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