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Redacción
El impacto de Pellegrino Matarazzo en el banquillo de Anoeta ya es historia viva de la Real Sociedad, pero el técnico de Nueva Jersey quiere más. Su aterrizaje el pasado mes de enero supuso una auténtica revolución en la dinámica del grupo: no solo logró reconducir el rumbo de un equipo que languidecía en la competición regular, sino que culminó su irrupción levantando el título de Copa del Rey en una recta final de temporada memorable. Ahora, encarando su primer curso completo al frente de la nave txuri urdin, el preparador americano tiene la oportunidad de moldear el proyecto completamente a su imagen y semejanza.
Haber dispuesto de una pretemporada entera para asimilar automatismos, afinar el tono físico y diseñar la plantilla junto a la dirección deportiva otorga a Matarazzo un margen de maniobra ideal. Su libreto táctico, caracterizado por una presión asfixiante tras pérdida, dinamismo en la medular y una vocación ofensiva irrenunciable, ya caló hondo en la plantilla durante la segunda mitad del pasado ejercicio. El reto actual pasa por dotar a esa propuesta de una mayor regularidad para evitar las desconexiones que costaron puntos valiosos en el campeonato doméstico.
Matarazzo ha demostrado ser un líder pragmático y cercano, capaz de gestionar vestuarios con jerarquía y sacar el máximo rendimiento de la cantera de Zubieta. Con el respaldo absoluto de la directiva y el cariño incondicional de la grada tras la gesta copera, el técnico asume la responsabilidad de gestionar las tres competiciones sin rebajar la exigencia.
Su capacidad para dosificar esfuerzos y mantener al bloque enchufado determinará el techo de una Real que aspira a asentarse definitivamente en la élite bajo su mandato.


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