El Benfica ha emitido un escueto comunicado tras el encendido de una decena de bengalas y el lanzamiento de dos de ellas desde el anillo superior al inferior en Anoeta durante el partido entre la Real y el Benfica. El conjunto lisboeta «lamenta el lanzamiento de bengalas» y pone el foco en que parte de su propia hinchada ha hecho caso omiso «a los nuevos llamamientos realizados durante los últimos días para que el partido se desarrollara sin incidentes».

Por esta razón, prosigue el texto, «debemos disculparnos por el episodio, que afortunadamente, no se han reportado heridos». El gigante portugués dice estar «plenamente comprometido» en colaborar «con las autoridades competentes para que estos comportamientos no se repitan», en un texto que, a diferencia del presidente realista, Jokin Aperribay, no se refiere a los autores de los hechos, ni los sucedidos dentro del estadio ni en el exterior.

El máximo dirigente realista los ha calificado de «delincuentes» y ha prometido la acción judicial más firme contra ellos «si depende de la Real», aunque ha reconocido que desconocía qué tipo de delito se les podría imputar a los «delincuentes», a quienes además se les ha requisado «múltiple material», si bien no todo el que traían.

Cuestionado por la prensa portuguesa desplazada a Anoeta, Aperribay ha señalado que el presidente lisboeta, el célebre Rui Costa, le ha pedido perdón repetidamente, además de reconocerle en el palco que se sentía «avergonzado«.

El comportamiento de este tipo de elementos que arrastran a todo un club es una actitud reincidente en el caso del Benfica, ya que el de Anoeta era su primer desplazamiento de la temporada. ¿Por qué? Sus incidentes en el último duelo de la pasada Champions en Milán llevó a la UEFA a castigar al Benfica sin entradas visitantes durante un partido, que, paradojas de la vida, fue el Inter-Benfica de la segunda jornada de esta fase de grupos.

Por esta razón, el viaje señalado para la multitudinaria afición lisboeta era Donostia. No solo por proximidad, sino porque se habían quedado sin la opción de viajar a la ciudad transalpina. A Donostia han llegado en un número próximo a los 1.800, y si bien buena parte de ellos se ha mezclado con los vecinos y seguidores locales sin ningún tipo de problema durante la jornada, otros han protagonizado peligrosos incidentes, tanto fuera del estadio, con un resultado de cuatro detenidos y varios heridos; como dentro, con el citado lanzamiento de las bengalas.

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