Son muchas las máximas que ha dejado para la historia Luis Aragonés. Bastantes de ellas forman una retahíla de obviedades, como su famosa zona de los diez últimos encuentros en la que se deciden los campeonatos. Otra de ellas son sus famosos pasillos de seguridad que no es más que la columna vertebral para el resto de entrenadores y equipos. Desde que asumió la dirección de la Real Sociedad, Imanol ha contado con su propio pasillo de seguridad, columna vertebral o su guardia pretoriana. Y es por eso que no deja de ser preocupante el inicio del mercado para el aficionado, ya que, de confirmarse los peores presagios, el oriotarra se puede quedar sin su mejor defensa, Robin Le Normand, y sin su mejor medio, Mikel Merino. Sin olvidar que el curso anterior también había volado su mejor punta, Alexander Sorloth, que no ha sido pichichi de la Liga porque se lesionó en la última jornada, puesto que, como decía Imanol, que siempre le defendía, “cuidado que este es muy cabezota y cuando se le mete algo entre ceja y ceja…”. El resumen, a día de hoy, es este simple y llanamente este: la Real puede perder a sus jugadores claves en la defensa y en el centro del campo. Ni más ni menos, ni cálculos matemáticos o estudios rocambolescos de mercado.

La situación de Le Normand

En lo que respecta a Le Normand, único de los cinco internacionales txuri-urdin que es titular indiscutible en la selección, el club realista le abrió la puerta cuando supo del interés del Atlético y le tasó en unos 40 millones de euros. En Madrid pronto se activó la maquinaria mediática de la prensa del entorno colchonero para asegurar que su club no iba a pagar una cantidad mucho más alta a los 30-32 millones, que le convertirían en el defensa más caro de su historia. Algo que, cómo no, es su problema y no el de la Real. Ahora bien, si finalmente se cierra por estas cifras, es decir algo por encima de la mitad de su cláusula de rescisión, por mucho que algunos pretendan vendernos que va a ser una operación redonda, el acuerdo no tardará en levantar ampollas en gran parte de la afición, que, de primeras, no entiende por qué se hacen negocios con el Atlético.

Y no solo por la rivalidad y el odio existente después del asesinato de Aitor Zabaleta, sino porque también refuerza a un rival directo, precisamente el que le ha precedido un puesto por encima en la tabla de las dos últimas ligas, y porque el valor de mercado en el mundo del fútbol es muy subjetivo y lo único tangible lo marca el precio de la libertad que firmaron ambas partes en la última renovación. En este caso, los 60 millones de su cláusula de rescisión

Más aún cuando no necesita vender a ninguno de sus futbolistas referentes, tal y como han repetido Jokin Aperribay y Roberto Olabe, y después de haber ingresado más de 40 millones por su participación en la Champions.

Eso sí, resulta igual de respetable la corriente que considera que ingresar cerca de 32 millones es una magnífica venta por un futbolista al que has formado y que no te ha costado nada después de llegar libre al Sanse y que, como siempre ha demostrado su presidente, la subsistencia de su economía se basa en aceptar ofertas tan altas sobre todo por defensas.

¿Y Merino?

Y en cuanto a Merino, la Real se puede quedar probablemente sin su futbolista más importante de su último lustro. El termómetro de su juego y el que equilibra la balanza defensa-ataque. Aunque suene paradójico, si el club decide venderle por una cantidad inferior a los 65 millones de su cláusula para evitar que se vaya libre en junio de 2025 es precisamente porque solo le queda un año de contrato (Robin acaba en 2026). Sería bueno que su futuro no estuviese en otro equipo de la Liga para no sufrirle en el campo.

Lo que está claro y no admite discusión, aunque el joven Jon Martín apunta muy alto, es que sin Le Normand, la Real va a tener seguro peor defensa. Más aún si no llega un sustituto. Y por si fuera poco y con el presupuesto que maneja, el club no va a encontrar en el mercado a un futbolista del nivel y de la calidad de Merino. No es cuestión de dramatizar, pero a la recurrente pregunta de si la Real va a contar con mejor equipo el año que viene, sin estos dos comandantes de Imanol, la respuesta es evidente: no.

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