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Kiko Veneno | Músico
Elene Arandia
San Sebastián
Este sábado, el escenario del festival CaixaBank Miramar Gauak se prepara para recibir a un músico incombustible que lleva medio siglo haciendo saltar por los … aires las costuras de la escena musical estatal. José María López Sanfeliu (Figueres, 1952), Kiko para los amigos y Veneno para el negociado, es el hombre que regaló ‘Volando voy’ a Camarón, el que le puso un traje de neón al costumbrismo andaluz y el que demostró que se podía ser un intelectual de la rumba sin perder el compás. Su asalto a la música empezó con esa misma mirada curiosa que, junto a los hermanos Amador, dinamitó el confort del pop español en 1977. Aquel disco de la portada de la tableta de hachís ilustrando la palabra Veneno no fue solo el debut, sino el contrabando de libertad que la España de la Transición tardó años en digerir. Bajo esa misma premisa de no estancarse, a mediados de los noventa, cuando la industria se volvió más predecible, se sacó de la manga ‘Échate un cantecito’ para demostrar que también se podía envejecer con dignidad sin perder el swing.
Hablamos de un tipo que nació en Figueres pero se doctoró en las esquinas de Sevilla, allí donde el rock americano se cruzaba con el compás de las palmas. Kiko Veneno nunca ha encajado del todo en las etiquetas que le han ido colocando con el paso del tiempo. A sus 74 años, sabe perfectamente que hacerse mayor es pura degeneración celular y mitocondrial –como leyó el otro día a un neurocientífico–, pero se niega a que la edad sea un trauma o una sutil invitación a gestionar su legado desde el escaparate. En esta fase que el calendario llama «madurez», Kiko sigue llevando esa mirada de lince que desconfía de los homenajes y comprende que el final de la vida también puede ser algo hermoso: un empeño feroz por seguir haciendo canciones.
Regresa a San Sebastián (20.45 horas) este sábado cuatro años después de su última visita, en 2022, cuando compartió cartel con Ariel Rot, prometiendo mucho ambiente festivo y rodeado de una formación de siete músicos.
– Hay artistas que envejecen, otros que se vuelven clásicos y otros que se vuelven raros. ¿En cuál de esas tres categorías se ve?
– Yo me incluyo en las tres. Estoy viejo, tengo 74 años para hacer 75, pero soy viejo. Quiero decir que tomo la parte más positiva. La degeneración celular la omito, y tomo la parte positiva, que es la que coge el diablo, la experiencia, el conocimiento. De la segunda que has dicho, clásico, me reconozco. Es uno de los títulos que íbamos a poner en el disco, y es una de las canciones, que se llama ‘Soy un clásico’. Una especie un poco como de parodia de este autocentrismo de los raperos y los reggaetoneros. Durante muchos años mi manager me decía que yo ya era un clásico y yo no me quería hundir, porque quería hacer canciones nuevas. Al final, ya lo he aceptado, tanto que he hecho una canción. Y bueno, he perdido todo ese tipo de complejos. Para mí lo más interesante es la tercera, lo raro. Lo raro es que un tío que es clásico y que es viejo, quiera seguir haciendo canciones nuevas y conectar con la juventud y conectar con los tiempos actuales y sobre todo transmitir alegría. Es lo que más me alucina conmigo mismo.
– Ha trabajado en un nuevo disco. ¿Cómo llegará?
– Estamos haciendo un disco, donde la alegría no era mi propósito, mi objetivo siempre es beateliano, hacer todo tipo de canciones. Yo vivo dentro de una especie de álbum blanco de los Beatles. Me gusta, para mí un músico, la música pop es aquella que es capaz de abordar todos los temas y ambientes. Desde un vals, a una frenética conga, a la balada sentimental, a esto y lo otro. Y ahí está la producción, los productores Santi Bronquio y Raúl Pérez me han llevado al terreno de la alegría. La música dispone de ti más que tú de ella. En eso no me refiero al azar, sino que la música es toda la gente que está alrededor, en este caso los productores. La gente siempre pide de mí esa rumba alegre y esas cosas. No daba con la forma de hacerlo actualizado, pero lo hemos encontrado.
– En una de las canciones nuevas dice que ahora es un clásico. ¿Lo dice con orgullo e ironía?
– ¡Hombre! Es que tener el ‘Volando voy’ en la mochila es una maravilla, Eso no te puede pesar.
– Pero el uso de la palabra ‘leyenda’ puede ser también una manera elegante de mandarte al escaparate…
– Bueno, vivimos en un mundo de títulos, de apodos… Hay que definirlo todo, yo me niego a eso porque es cosificarlo. Todo tiene que estar muy clasificado. Hago lo que me da la gana, es lo que considero importante. En un mundo que nos obliga tanto a hacer lo que no nos da la gana y a vivir de espaldas a la naturaleza y de una forma tan cruel, dominada por políticos estúpidos y de nivel intelectual bajo mínimos… Yo defiendo la libertad de hacer lo que me da la gana, no la de Ayuso, sino la mía, la libertad del arte, de interpretar la vida de una forma libre y sin ataduras.
– ¿Qué supone hacerse mayor para un artista?
– Degeneración neuronal. El otro día lo leí, el celular se va degastando, los mitocondrios y todo eso, lo explicaba un neurocientífico. Y bueno, es pérdida de energía… Pero depende de cómo vivas y de lo que tú esperas de la vida. Si tú has llevado una vida esperando nunca hacerte viejo y nunca has respetado a los viejos y a la gente mayor, puede ser un trauma para ti. Y si tú desde pequeñito has comprendido que el final de la vida también es hermoso, pues lo puedes llevar mejor.
– Hay gente que llega a cierta edad y parece básicamente dedicarse a gestionar su legado. No es su caso, parece seguir interesado en curiosear.
– Totalmente. Lo de gestionar mi legado lo dejo para los demás. Pero yo quiero gestionar lo que yo puedo hacer, lo que siento que puedo transmitir y puedo comunicar a la gente.
– Insiste en el trabajo lento de las canciones. Reivindica la música de siempre, llegar a la gente y crear.
– El trabajo lento no es insistir. Hace ya mucho tiempo que me di cuenta de que el trabajo de un compositor como yo es apuntar ideas que te van surgiendo y hacer esbozos de canciones, empezarlas a armar o a construir y dejarlas reposar en tu interior. Hace unos días vi la película ‘Black Dog’, china, maravillosa película. Y me vino a la cabeza una canción de la época de ‘Verena’, de los años 70, que yo tenía hecha, pero me faltaba algo. Y esa película me llevó a terminar esos versos y a recuperar esa canción.
– ¿Qué podremos ver este sábado durante su concierto? Algún avance del disco que grabó en directo a finales del año en la Carbonería de Sevilla?
– Un gran concierto, eso sin duda. Hago un picadito, un variadito de toda mi vida. Últimamente no estoy haciendo muchos ‘Delincuentes’, que es la única canción que suelo hacer más. En teatro yo estoy haciendo ‘Salsera de Matea’, de mi primer disco del año 77. Pero bueno, a partir de ello presento alguna canción nueva. De las nuevas presento al menos una. Ahora estamos centrados en bolos de verano, en plan más festivo, y en septiembre volveremos a los teatros, el formato este de la carbonería, que es para escucharlo sentado.
– ¿Cómo describiría sus nuevas canciones?
– Alegres.
– ¿Tanto como para ser bailadas?
– Bailadas y sentidas. Yo las escucho como si fueras por la playa y en un chiringuito escuchas esas canciones y te metes en el chiringuito. Esa es la sensación que te da, de estar de fiesta y de alegría, de algo fresco que está logrado.
– ¿Qué le sigue inspirando a pesar de que el mundo sea uniforme?
– El mundo se podrá volver como quiera, pero cada uno de nosotros tenemos que intentar seguir nuestro camino. El mío es la música y hacer canciones, y a mí no me hace falta inspiración, yo simplemente escribo cosas, se me ocurren melodías, y eso viene siendo así desde hace 50 años.
– ¿En qué momento se encuentra?
– Yo creo que es la última oportunidad que tengo de hacer algo que me conecte de nuevo con la imaginería popular. ¡Vaya frase más guapa!, (ríe). Pienso que me voy a morir así: es mi oficio y mi destino. Se me ocurrirán cosas y voy a estar escribiendo siempre, quizás cada vez más sencillas, sintéticas… No sé, ya se verá, pero pienso que no voy a parar.
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