“He militado en grandes clubes y ahora juego en el equipo de mi vida, en la Real Sociedad: soy el tío más feliz del mundo”

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Con una personalidad arrolladora y tras ganarlo todo a nivel de clubes sin tener mucho protagonismo, Álvaro Odriozola ya solo vive para celebrar un título con su Real Sociedad.

Se fue en 2018 siendo estrella o referente en el juego de aquella Real… 

Exacto. En ese momento ha sido cuando más he disfrutado en el campo de fútbol porque el sistema de juego era perfecto para mí. Tenía delante a uno de los mejores jugadores de la historia del club, Xabi Prieto, un extremo desbordador al que le gustaba meterse por dentro y todo el juego se basaba en que él centraba, yo le doblaba y me la metía. O cuando estaba Canales, que también tendía a meterse para dentro. Y yo con 21 años era una bomba y con un físico muy bueno me lo pasaba en grande. 

Yuri y usted eran dos puñales…

Sí. Lo teníamos todo muy claro con Eusebio. Éramos muy ofensivos porque nos soltaba las riendas y adelante. Fueron momentos muy buenos, yo me sentía magníficamente bien dentro del equipo y del vestuario. Ha cambiado mucho porque de ese equipo solo quedan Mikel Oyarzabal y Aritz Elustondo y nos lo pasábamos muy bien. Me sentía muy bien en ese sistema de juego y disfruté muchísimo esa temporada.

Su salida se veía venir…

Se veía venir, pero yo no lo tenía nada claro en el momento porque si salía de este club era solo para ir al Madrid. La gente se olvida que un año antes, cuando debuto en enero, en junio de ese año, que acababa contrato ese verano, me podía haber ido gratis. Tenía muchísimas ofertas de grandes clubes europeos que pagaban una buena prima de fichaje, pero yo decidí quedarme en la Real porque quería, no porque luego quisiera irme. Porque es mi casa, aquí está mi familia, lo tengo todo y soy muy feliz aquí. Pero lo que pasó es que vino el Real Madrid y te digo, sinceramente y honestamente, que yo soy de la Real, eso lo sabe todo el mundo, pero el Madrid es un equipo al que no se le puede decir que no. 

¿Se puede decir que usted sí tiene segundo equipo?

No. Me han acusado de eso pero los que me conocen de verdad saben que soy de la Real más que el presi si cabe. Mi aitona estuvo a punto de ser presidente de la Real. Yo en el bolsillo del pantalón siempre llevo en cada partido un pin de la Real que era de mi aitona Jose Mari, regalado por mi tía. Yo soy de la Real porque es lo que siempre me han inculcado en mi familia, pero siempre me han contado que el Real Madrid siempre es un club señor, no como otros, que siempre se ha portado de maravilla con la Real y que hay buena relación entre los dos clubes. Y me fui para allí con una pena tremenda porque dejaba el club de mi vida pero también te digo que sabía que iba a volver. 

Entre Griezmann, Illarra y usted han pagado la reforma de Anoeta.

(Risas) Otro tema que parece que se le olvida a la gente. Como te he dicho me podía haber ido gratis pero dejé 34 millones, no 30, que no lo digo ni mucho menos por ponerme medallas. Pero muchas veces le digo a la ama que tenemos diez sitios toda la familia en tribuna. ¿Qué tal en el asiento que os he pagado yo?

¿Se le quedó una espina clavada por no triunfar en el Madrid?

Para nada. Yo di todo lo que tenía en mi cuerpo, mi alma y mi cabeza para triunfar allí y tengo la conciencia muy tranquila, no me arrepiento de nada. No se dio, ya está, en la vida muchas veces no hay que darle tantas vueltas ni arrepentirse. No hay que mirar atrás, hay que mirar el presente. No tengo nada que reprochar a nadie. Si no me dieron las oportunidades igual es que no las merecía o porque no fui lo suficientemente bueno, tan simple como eso. Soy una persona que vive el presente, no le da vueltas. Hice todo lo posible por triunfar en el Real Madrid, me fui a Florencia, hice un año magnífico, pensaba que a la vuelta iba a jugar más, no se dio y se convirtió en una quimera, que es como una ilusión y al final era totalmente imposible, no me podía pegar contra una pared. Obviamente, justo en ese momento se dio la primera oportunidad de volver a la Real, y aquí estamos. 

Fue a un Mundial siendo de la Real.

Exacto, y no ha habido muchos realistas que hayan estado. Creo que pone en valor todo lo bueno que se hace en Zubieta, que no solo se forman jugadores, sino que se forman personas. Allá donde he estado, en Madrid, Múnich y Florencia, saben perfectamente qué es la Real porque se lo he contado, cómo se trabaja aquí, cómo somos los guipuzcoanos y estoy orgulloso de haber llevado la bandera de la Real por todos los sitios en los que he estado.

¿Siente cómo si siempre le hacen de menos en su carrera?

No me he parado a pensarlo. He ganado muchísimos títulos, casi todo. Bueno, a nivel de selección no. No he jugado pero los tengo (risas). Las primas las cobraba. No pienso que se me haga de menos ni de más, ni cuando podía ser una estrella en la Real, solo soy una persona muy normal, lo digo de corazón. No me interesa el ego ni nada de eso. Es verdad que por eso me sentía muy raro en Madrid, porque todo lo que envuelve al club, todo el circo entorno a los jugadores no me interesa nada. No me gusta que se hable de mí como si fuera una estrella, un crack… Soy un tío normal y corriente, de Donostia de toda la vida, que juega al fútbol y que he tenido la suerte de jugar en el mejor equipo de Alemania, en el Madrid, en la Fiorentina, que es un gran club en Italia, y ahora juego para el equipo de mi vida. Soy el tío más feliz del mundo. 

“Mi campaña ha sido decepcionante, pero solo pienso en hacer una buena pretemporada para que el próximo sea mi año”

¿Qué tal en el Bayern?

Una gran experiencia. Diferente a Madrid. Es el club más grande de Alemania, pero luego es muy familiar. Es lo que más me sorprendió. Es un club gigantesco, campeón de Europa, el más laureado de Alemania y yo pensaba esto será tipo Madrid, pero no, es un club en el que conoces a todo el mundo. La ciudad deportiva es pequeña, solo entrena el primer equipo, todo es muy recogido. Munich no te creas que tampoco sea muy grande, te acoge muy bien… Fue una experiencia maravillosa porque fui y ganamos el triplete y encima, como había jugado en Liga en el Madrid y había ganado la Supercopa, creo que batí el récord de títulos en una temporada (risas). A ver si ocurre también con la Real y ganamos un título.

¿Y la Fiorentina?

Es otra cosa. En el fútbol, siempre digo, si tienes oportunidad de jugar en Italia hazlo porque vives el fútbol en otra dimensión. Aquí se vive mucho, todos mis amigos son socios, pero allí es una religión y especialmente en Florencia. Hay una unión entre el club y la ciudad que me recordó mucho a la Real. y además coincidí con Vincenzo Italiano. que me hizo ver el fútbol de otra manera y me dio una masterclass de fútbol. Aprendí muchísimo, fue un año fantástico, llevaban dos años luchando por no descender y nos clasificamos para Europa jugando absolutamente todo. Estuve el último mes y medio lesionado pero disfruté muchísimo, y soy fiorentino para toda la vida. Cada vez que voy me ponen la alfombra roja, me escriben para que vuelva y les tengo muchísimo cariño. Volví a Madrid, pero ese año estará siempre en mi corazón. 

¿Quiso ficharle el Athletic?

(Risas) Como es obvio, su nicho de mercado es reducido y sí, han tocado la puerta. Como muchos otros clubes. Pero ellos supieron en todo momento que yo quería venir aquí.

¿No se ve en San Mamés?

Yo respeto totalmente a todo el que haya jugado en la Real y el Athletic porque con el fútbol visto desde dentro y lo entiendo perfectamente. Pero en mi situación, en mi caso, yo no podría jugar en el Athletic. Y te aseguro que les tengo un respeto brutal, cuentan con una idiosincrasia muy bonita, han hecho una temporada increíble con el título de Copa, chapeau, pero yo no podría por respeto a lo que me han enseñado mis aitonas. No puedo ser más donostiarra, más guipuzcoano y desde todo el respeto que le tengo al Athletic, yo no podría jugar allí. 

¿Qué hubiese pasado si se llega haber quedado en la Real?

Hubiese disfrutado muchísimo. Para empezar hubiera tenido al menos habitación mirando al Z1 porque como he llegado de los últimos la tengo mirando al parking (risas). Eso hubiera pasado seguro. No lo sé. A veces lo pienso, se me pasa por la cabeza lo de one club man, en Zubieta hay un mural que han puesto de todos los jugadores… 

¿Le da un poco de pena?

En la vida no tienes que arrepentirte, así se han dado las cosas y no hay que darle más vueltas a todo. Por supuesto que hubiese sido bonito, pero todas las experiencias que me he llevado en el camino me las llevo a la tumba.

¿Algunos compañeros con opciones de salir le piden consejo?

No. Además cada uno es un mundo y yo qué les voy a contar. En el Madrid es obvio que no he triunfado pero la experiencia y máster de vida me los llevo conmigo.

¿Cuándo se dio cuenta que era la hora de volver a la Real?

En el momento en el que me llamaron. 

¿Llegó a temer que no se hacía?

La primera llamada de Jokin fue en mayo y a mí los ojos me hacían chiribitas. Era el momento perfecto para volver, en un momento muy bueno de edad, de club, que a la Real no le ha supuesto mucho dinero traerme de vuelta y encima el equipo jugaba Champions, que hubiese vuelto igual si no lo hacía. Pero creo que se dieron todos los condicionantes para volver y, desde el momento en que llamó Jokin, y te lo puede contar Óscar Ribot, que es mi agente, era la única opción para mí. El Madrid es un escaparate mundial y, aunque no juegues, tienes muchas ofertas 

¿Le inculcaron carácter ganador?

Sí. Eso es algo que he aprendido allí. Allí tienes que ganar hasta el rondo. Estás obligado a vencer el partidillo final y eso se extrapola a todos los partidos y todos los títulos. Si podemos traer eso a la Real, bienvenido sea. Esa mentalidad ya la hay aquí, esa exigencia Champions, esa exigencia de ganar porque estamos capacitados para ello. Por eso, cuando acabó el partido en el Benito Villamarín, en mi cabeza solo pasaba ganar la Europa League con la Real el 21 de mayo de 2025. Para eso ahora en verano a trabajar, en mi caso más, para ganar un título el año que viene. 

El mejor en las pruebas físicas en el Madrid llega a la Real y se rompe nada más empezar…

(Risas) En resistencia no me gana nadie, debo tener algún gen etíope y los números están ahí. Tengo el récord de todos los clubes que hacen esa prueba como el Inter, los Spurs, el Madrid… Cuando yo vine aquí estuve un año sin jugar y, como el Madrid juega tantas competiciones y tantos partidos, no se entrena tanto, entonces llevaba prácticamente un año en blanco. Es como si dejas un coche en el garaje un año entero y cuando lo vas a usar las ruedas están deshinchadas, te salta el airbag, hay que ponerle agua… Estaba muy desadaptado y en el momento en que daba 15 centros seguidos me dolía un poco el abductor, o si hacía cinco sprints me dolía el isquio.. Creo que esta temporada me ha venido muy bien para adaptar mi cuerpo y, sobre todo, para adaptar mi exigencia para ser elite total, porque yo antes pensaba que cuidaba mi cuerpo, que descansaba lo suficiente, que hacía gimnasio bien… Y me he dado cuenta de que estaba muy lejos y ahora esta experiencia que he tenido este año que tanto me ha costado llegar al nivel del equipo, me ha hecho alcanzar una rutina de trabajo y experiencia que me va a venir bien para estar al 100% el año que viene. 

“Debo tener algún gen etíope porque en resistencia no me gana ninguno, tengo el récord de todos los clubes en esa prueba”

Su año ha sido decepcionante.

Sin duda. Con muy mala fortuna por dónde venía, cómo se produjo todo… El debut contra el Inter no fue problema de Imanol, porque yo no estaba preparado para jugar, sinceramente te digo, y estaba a un 50% y no podía ni esprintar. No estaba preparado y pensaba que sí, pero todavía estaba muy lejos y no ayudó llegar tan tarde en septiembre, sin hacer una pretemporada. La pretemporada es absolutamente vital. Solo pienso en la próxima. Creo sinceramente que va a ser mi año o al menos sé lo que hay que hacer para que lo sea. Tengo que empezar mucho antes de que empiece la pretemporada, voy a venir antes de que empiece el equipo, tengo un preparador físico con el que voy a trabajar todo junio, voy a ponerlo todo y luego que sea lo que tenga que ser.

Anoeta le ovacionó al final…

Un par de ovaciones que además saben a gloria porque es gente que te ha querido, ha dejado de quererte y tú lo que quieres es que te vuelvan a querer. Se me pone la piel de gallina porque es algo que anhelo porque yo quiero agradarles. Hubo gente que le sentó muy mal que me fuera, es totalmente entendible y trabajo para ganarme de nuevo a la gente, porque en la afición de la Real están mi familia, mis amigos, conocidos… De verdad, quiero ganármelos. 

¿Le molesta que le pongan etiquetas?

No pienso en eso. Tampoco lo entiendo realmente. Se han dicho muchas cosas, que por tener caballos, una afición maravillosa que aquí le gusta a muchísima gente, y que muchos se piensan que es súper elitista, pero al hipódromo va gente normal, como yo; o por llevar el pelo como me crece, que soy el jugador de Primera que menos va a la peluquería por pura pereza; por de vez en cuando ponerme alguna camisa me dicen que soy facha... No entiendo absolutamente nada, cuando todos mis apellidos son euskaldunes, hablo euskera perfectamente. Soy muy consciente de dónde vengo y estoy muy orgulloso de mis raíces. Me río porque en esta vida hay que reírse de todo y sobre todo de uno mismo. Pero es verdad que leo todo de mí. ¿Cómo es eso que me llaman ahora… Cayetano? Que no sé ni lo que es. Había uno que era el hijo de la duquesa, ¿no? Si soy sincero, hay veces que me entristece que la gente opine sin conocer ni rigor, porque la gente que me conoce no me etiquetaría en las etiquetas que me ponen. Soy un simple donostiarra que se dedica a jugar al fútbol en el equipo de su ciudad.

«Me río porque en esta vida hay que reírse de todo y sobre todo de uno mismo. ¿Cómo es eso que me llaman ahora… ‘Cayetano’? Que no sé ni lo que es»

¿Sigue enamorado del fútbol?

Sí y lo voy a estar siempre, pero sé de qué pie cojea. Es mi vida entera, pero ojito con el fútbol. 

¿Ha cumplido sus sueños?

Me falta ganar un título con la Real. Estoy muy orgullo de lo conseguido.

¿Cómo es su vida en Donostia?

Como en casa en ningún sitio. No he cambiado de amigos. Fueron, son y serán siempre los mismos, los cuento con los dedos de una mano y son los que siempre han estado conmigo. 

¿Y un deseo para la 2024-25?

Un título con la Real.

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