Iker Zabaleta: “Aitor salvó la vida de varios de los que viajaron con él”

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25 años, toda una vida. Yo también estuve allí y no lo olvidaré jamás…

Sí, la verdad es que hay muchos vecinos que fueron a ese partido y que nos abrazan porque podía haber sido el hijo de cualquiera. O simplemente podía haberle tocado a cualquiera. Lo de los 25 años significa que nos estamos haciendo viejos, aunque también hay que hacerse, ¿no?

No quiero dramatizar mucho tanto tiempo después, pero nunca puedes imaginar que te va a tocar algo tan trágico.

Bueno, ahora que soy aita, pienso en cómo un padre puede soportar eso. Para los hermanos es tela, porque mi hermano era mi mejor amigo, pero para un padre…

Aitor era mayor que usted.

Sí, nos llevábamos tres años. Era mayor que yo. Somos cinco hermanos.

Usted también era muy futbolero.

Sí, por supuesto. Pero es que ahora me preguntan si soy socio de la Real y no lo soy, porque no puedo ir a ningún partido. En el bar lo tenemos contratado y lo hacemos para dar un servicio, pero es que te cuesta más de 500 euros mensuales para ver cuatro encuentros, porque los de la Real sí, pero los del resto de equipos no los seguimos. Contra el Salzburgo, por ejemplo, no vi ningún minuto porque estaba currando. ¡Como para ir a Anoeta! Aunque que conste que cuando puedo voy y disfruto mucho.

No, la verdad es que no.

«Cuando jugaba la Real fuera y estaba Aitor, el bar se petaba. Tenía una pasión terrible»

Aitor era más forofo.

Sí, lo de Aitor era una pasada. Me ganaba por mucho. Tenía una pasión terrible. Cuando jugaba la Real fuera y estaba Aitor, el bar se petaba, no entraba la gente. Se ponía como loco.

¿Recuerda cuando se fue qué le dijo?

Anda con cuidado. Había precedentes en partidos contra el Madrid o en la final de Copa en los que la Policía había cargado a caballo. Le tocó a la Real, pero le podía haber pasado al Athletic o a Osasuna.

¿Cómo llegaron las noticias?

No había móviles, por lo que nos empezaron a llamar al asador para decirnos que habían pinchado a Aitor. Empezaron a venir amigos y familia para estar con nosotros. Hemos oído y tal. No pensábamos que era tan grave e incluso sabiéndolo, no te lo quieres imaginar. Cuando nos lo confirmaron, mi padre, mi madre y mi hermano salieron disparados para Madrid. Yo me quedé porque aquí había mucha gente, el asador estaba abierto.

El relato de Maider Gorostidi, de la peña Izar, es estremecedor

La realidad es que Aitor les sacó la cara y les protegió. Un policía les mandó a la boca del lobo. Les daba igual hombres o mujeres, y había madres con sus hijos. A varios les salvó la vida Aitor. La peña Bultzada ha intentado recabar testimonios porque en la grada Zabaleta muchos o más de la mitad no saben muy bien quién era mi hermano. Mucha gente que sufrió en ese ataque se ha quedado marcada de por vida.

Aitor les plantó cara y se convirtió en el blanco perfecto.

Sí, eso está demostrado que fue así. Hasta que varios le atacaron y le asesinaron, no fue uno solo. Unos le agarraron y otros le acuchillaron. Fueron varios. No fue el Guerra de las narices, fueron varios. Aitor también estaba protegiendo a su novia, que no podía correr demasiado. Le protegía a ella. Cuando les empezaron atacar, cada uno escapó como pudo.

Sé que es duro, pero ¿cómo se enteraron de la fatídica noticia?

Nos llamaron de madrugada. Me acuerdo que le pegué una hostia a una barandilla de acero de una torre y le hice mella y todo. Si le das con un martillo no le dejas tanta marca. Ese momento lo mantengo muy fresco en la memoria tanto tiempo después.

Mucha gente marcada y una historia terrible que no se pudo contar bien en su día…

Es que el juicio luego fue una farsa. Es que no había un solo culpable. Y luego muchos de ellos eran hijos de fuerzas armadas del Estado. Guardias civiles, policías nacionales… Y luego también kinkis de la peor calaña…

Decretaron secreto de sumario y tenían prohibido hablar.

Lo peor no es eso, lo más grave es que en el juicio entraban juntos por la misma puerta, las víctimas con los asesinos. Una pasada. La gente fue protegida por la Ertzaintza. Durante el juicio les insultaban, estaban como si fuera su casa.

¿Asistió al juicio?

Yo no fui ningún día. Lo agradezco, porque no sé cómo hubiera reaccionado. Me pareció una farsa el juicio y otra farsa la sentencia. Eran una banda organizada. Tenían precedentes políticos. Todo estaba mezclado, no era una cuestión de que este club me daba rabia. Era la Real, un equipo vasco, una cuestión totalmente política. Si aquí por echar una piedra estabas detenido y te metían la porra por el culo, allí matas a alguien y se van todos de rositas. Armados todos con cuchillos, barras, bates y la hostia. Habían quedado para matar y no hemos conseguido demostrar de ninguna de las maneras que actuaban como una organización armada. No nos sentimos ni escuchados.

«Me pareció una farsa el juicio y otra farsa la sentencia»

Debió ser muy desagradable.

Bueno, Guerra tenía de abogado a Rodríguez Menéndez, menudo bandido.

Yo vivía en Madrid y algunos periodistas respetables y con buenas fuentes hasta defendían que Aitor tenía vínculos con Jarrai…

Bueno, ahí están los gritos de Aitor Zabaleta era de la ETA. Para ellos todos somos de ETA. Mira, te cuento como anécdota: he estado en Granada dando de comer a muchas personas muy influyentes en la ciudad y la comarca, políticos y fuerzas armadas, un éxito terrible. En la cocina una señora nos contaba que estaba preocupada porque venían los vascos y tal, a ver cómo éramos. No sé si se imaginaban que nos vestíamos con pieles y gorros vikingos. ¡Me preguntaban a ver si desayunábamos txuleta! (risas). Yo desayuno café con leche, como tú. Y luego si puedo hago hamaiketako y me tomo un pintxo. Se creen que andamos todos con visera por aquí. Una de ellas estuvo en una manifa y decía que había pasado un miedo increíble: Eran los de ETA. ¿Qué iban, encapuchados, con fusiles y tal? No habléis, vámonos corriendo. Se montaban unas películas terribles, y en Madrid lo mismo.

La clave es que iban a matar a uno de la Real.

O a un vasco.

“La ‘suerte’ es que solo asesinaron a Aitor”, dijo Maider.

Sí, sin duda.

Y luego durante años los cánticos mancillando su memoria de “voy a pinchar al guarro de la Real, Aitor Zabaleta era de Jarrai”.

Sí, y lo cantaban miles de personas. Lo cantaba un fondo, pero contra esa morralla no vas a ir, que les den por el culo. No puedes entrar en eso porque entonces vivirías con una ira y un odio para siempre.

No se tomaron las medidas necesarias de respeto para evitarlo. ¿Lo hablaron con la Real?

Bueno, ya vimos el otro día en el partido de Brasil-Argentina y no se suspendió el partido. Si se hubiese suspendido, el propio aficionado del mismo equipo acabaría diciéndole que o te vas a tomar por culo o te mando yo. Si sale gratis matar a alguien, destrozar una ciudad o todas las cafeterías en 500 metros a la redonda… Pues no pasará nunca nada. En cambio, si se suspende el partido la gente pensará oye, cuidado, que no se juega o me lo han dado por perdido. Y eso se acaba y se erradica al segundo, pero no interesa. ¿Por qué? No sé, pero no interesa.

«Si sale gratis matar a alguien, destrozar una ciudad o todas las cafeterías en 500 metros a la redonda… Pues no pasará nunca nada»

El movimiento ultra se está expandiendo de nuevo de forma inquietante por toda Europa.

Fíjate con Vinícius, que lo hace uno del Valencia de 50.000 espectadores y el estadio se acojona porque se les mete una sanción de narices. Imagina uno con una bandera de ETA en Anoeta o El Sadar. Te cierran el campo, se van detenidos 400 con nombres y apellidos. La justicia no tiene la misma vara de medir.

Y visto lo que sucedió, ¿le molesta que también haya grupos de hinchas de la Real dentro de los conflictivos y agresivos?

Sí, claro. Tengo un amigo de Usurbil que ha ido en más de una kalejira y al que tocaba las narices y la liaba le mandaba a tomar viento fresco. Que aquí venimos a disfrutar y a consumir. Si la afición de la Real es la mejor del mundo. El problema es que te joden la manta cuatro y nos meten en el mismo saco a todo el mundo.

Para ustedes fue un momento durísimo y mucho tiempo después de penurias como consecuencia de ese asesinato.

Hombre, para mi padre fue una machacada terrible. Pero otra cosa que es increíble es que Guerra estaba de permiso bajo la tutela del Estado y no han soltado ni un céntimo. Estaba en prisión y el Estado también se fue de rositas. Se declaró insolvente y hemos tenido que pagar todo nosotros: abogados, viajes y todo lo que hemos organizado. Encima le han cogido muchas más veces, creo que una de ellas en Bélgica. Le dan permiso, sale, vuelve a delinquir y entra de nuevo.

«Guerra estaba de permiso bajo la tutela del Estado y no han soltado ni un céntimo. Él se declaró insolvente y hemos tenido que pagar todo nosotros: abogados, viajes… todo»

¿La Real se portó bien y estuvo a su lado?

Sí, con mis padres, sí. Yo tenía cerca de 30 años.

Imagino que le acechan sentimientos de todo tipo, como el de venganza.

Por supuesto, ya lo he pensado mil veces. Liquidar al hijo puta este. Pero… Si no hay justicia… Encima qué recibes, amenazas: que me has matado a mi hermano, no pensarás que me vas a acojonar a mí.

¿Y las secuelas?

Pues bueno, fue el peor momento de mi vida. Una mochila para el resto de tus días, hasta el día que te mueras la vas a llevar siempre encima. Y en aniversarios o en cualquier incidente parecido siempre te llaman para conocer tu opinión. A mí lo que de verdad me salvó fue el asador, porque al final me encontraba hundido en la mierda y estaba sufriendo un dolor inhumano. No estás a lo que tienes que estar y me centré en el trabajo.

«Fue el peor momento de mi vida. Una mochila para el resto de tus días, hasta el día que te mueras la vas a llevar siempre encima»

Dicen que el tiempo lo cura todo…

Afortunadamente, hemos sido siempre una familia muy unida. Sobre todo los de casa, pero también con la familia de mi madre y de mi padre, que han estado muy unidos. Y eso formaba una base muy potente. La sociedad, tanto deportiva, como en general de Euskadi y de España, nos han ayudado mucho. Y que encima se pusiera a la grada el nombre de Aitor Zabaleta fue una puta pasada. Nos pidieron permiso y ahí está para siempre. Y oye, desde entonces, mira la trayectoria ascendente de la Real. Ha sido un despegue de la leche.

Aitor tenía algo especial.

Sí, estudiaba Derecho en la UNED de Bergara. Yo siempre he defendido que Aitor Zabaleta somos un poco todos. El hincha sano, animador, con el sombrero, que podía ser cualquiera de nosotros y que nos podía haber tocado la maldita lotería esta.

Años después hubo una pelea de ultras del Atlético y del Deportivo y fue asesinado Jimmy… ¿Cómo lo vivieron? No entró nadie en la cárcel…

Lo vivimos igual. Sabíamos lo que iba a pasar. La ley y la justicia no son iguales para todos. Si eso pasa aquí, habría 200 detenidos. Pero pasó en Madrid, otra vez.

¿Y todo esto no le ha hecho perder afición?

A mí me gusta mucho. Pasé unos años desconectado del fútbol porque me llevé bastante chasco.

A Madrid no irá…

No, ni hablar, aunque tengo buenos amigos. A mí lo que me hace gracia es que se cataloguen partidos de fútbol como de alto riesgo. Alto riesgo es ir a Gaza, Palestina, Siria, Ucrania… Tenemos asimilado como algo normal que declaren un partido normal como de alto riesgo. Esta banda de impresentables que vienen sin entrada, que se vayan por ahí. Que no van ni al partido, ni lo oyen por la radio, van a joder la ciudad y se piran. Si la Policía sabe a lo que van y quiénes son sus líderes… Según entran en tu provincia, les mandas de vuelta. Ni libertad ni nada, es un criminal que sólo va a fastidiar a tu ciudad y tu pueblo. Media vuelta y punto. Si todos saben quiénes son los conflictivos de sus clubes, en Madrid también. Si no quieren, no tiran ni una cerilla.

Y el Atlético, ¿se preocupó por la familia Zabaleta?

El Atlético se portó como un club de hijos de la gran puta y de ratas sarnosas. De hijos de perra que permitían a esa morralla tener locales en su estadio. Conozco gente del mismo equipo que tenía miedo de ir al campo por esos hijos de puta. Decían que era gente peligrosa y ellos eran los putos reyes. Al menos, por ley tuvieron que limpiar sus cloacas un poco.

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