Cuesta escuchar a los agoreros de turno cuestionar a un técnico que, le salgan mejor o peor las cosas, ha demostrado sobradamente no sólo su amor a los colores blanquiazules, sino también su gran capacidad para gestionar los recursos de esta Real y maniobrar con ellos, casi siempre con acierto, sobre el terreno de juego. Más aún cuando se había logrado la clasificación matemática para Europa la semana pasada. Pero, al parecer, a algunos, sí, a esos agoreros de turno, no les satisfacía la Conference cuando el Betis estaba por delante del equipo txuri-urdin. No sentían que encadenar la quinta clasificación consecutiva para disputar una competición continental, algo que nunca antes se había visto en este club, fuera un éxito como para ensalzar a su entrenador. Pero es más… Sin tener en cuenta las excelentes prestaciones exhibidas por el equipo tanto en la Copa (se quedó a un penalti de la final en la tanda decisiva) como en la Champions (eliminado en octavos por el PSG de Mbappé), la temporada, con este sexto puesto, ya debe ser calificada de excelente. Como bien dice gure patroia, “nos olvidamos muy rápido…”. Y es que con Imanol al frente de la Real desde el inicio de curso, es decir, el último lustro, el club guipuzcoano se codea con los mejores representantes europeos. ¡Se dice pronto!

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