Aún escuece la decepción de la derrota encajada el sábado contra el Barcelona. Sin embargo, el fútbol y el calendario sitúan ahora a la Real Sociedad ante un aliciente de los grandes, el partido de la Champions League de este miércoles en Anoeta (18.45 horas) contra el Benfica. La máxima competición continental siempre supone una meta atractiva en sí misma. En esta ocasión, además, al equipo se le presenta la oportunidad de hacer historia alcanzando su techo internacional, al menos en lo que respecta a la era moderna. Resulta evidente que las semifinales de la Copa de Europa de 1983 ante el Hamburgo significan el máximo alcanzado, seguidas por los frustrados cuartos de final en la UEFA contra el Stuttgart (1989). A partir de ahí, la vara de medir en la actualidad reside en las fases de grupos, y ahí el equipo txuri-urdin acredita un crecimiento constante.


Las apreturas en las liguillas de Europa pasaron a mejor vida durante el curso pasado, cuando la Real se clasificó para las eliminatorias de la Europa League sobrándole dos partidos de su grupo. Celebradas cuatro de las seis jornadas, la escuadra de Imanol Alguacil ya se había asegurado el pase, con el asterisco, eso sí, del nivel de algunos adversarios. Dos equipos accedían a la siguiente ronda, siendo favoritos los guipuzcoanos y el Manchester United, lo que allanó el camino tras un sorteo en el que cayeron también en suerte Omonia Nicosia y Sheriff Tiraspol. La victoria en Anoeta frente a los moldavos (3-0) significó así el pasaporte, faltando aún el viaje a Chipre y el duelo casero contra los red devils. Viene al caso el recordatorio porque el conjunto blanquiazul tiene ahora la posibilidad de repetir aquello, aunque dentro de una competición y de un contexto de mucha mayor dificultad.

Las cuentas

Los requisitos para que la Real celebre este miércoles su pase a los octavos de final de la Champions resultan muy claros. Debe ganar por la tarde al Benfica en casa y esperar a que, en la franja nocturna de la jornada (21.00 horas), el Inter de Milán venza en Austria al Salzburgo. Sobre el papel, la carambola no parece improbable, aunque aquí toca matizar dos cosas. Para empezar, por mucho que los txuri-urdin se exhibieran hace solo quince días en Lisboa, el segundo partido contra los portugueses no tiene por qué resultar idéntico, ni siquiera parecido, al de Da Luz. En segunda instancia, toca recordar también lo mucho que sufrió el propio Inter para ganar, como local además, al conjunto de la Red Bull en la anterior jornada (2-1).

Si no se produce la mencionada combinación, tocará seguir peleando el pase a la siguiente ronda de la Champions, aunque también podría confirmarse al menos la tercera plaza y, por lo tanto, el billete para los dieciseisavos de final de la Europa League. La Real se lo asegurará sumando contra el Benfica (ganando o empatando), y también perdiendo si el Inter le gana luego al Salzburgo. Analizada esta meta con la actual tabla clasificatoria en la mano, el objetivo se antoja a todas luces reducido. Mirándolo todo con perspectiva, sin embargo, siempre resulta importante garantizar la continuidad en el continente más allá de diciembre, independientemente del torneo en el que se compita.

En otra dimensión

De momento, y llegados al ecuador de la actual fase de grupos de la Champions, la Real parece haber alcanzado otra dimensión europea, tal y como indican las cifras y también las sensaciones. El fútbol desplegado por los txuri-urdin ante Inter, Salzburgo y Benfica ha resultado sobresaliente y ha conducido a un botín tan extraordinario como corto, vistos unos méritos que deberían haber supuesto el pleno. Las prestaciones blanquiazules en la actual competición contrastan así con las de cursos anteriores en grandes plazas del continente, donde costaba aunar competitividad y fidelidad a la propuesta original, cosa que sí viene lográndose durante estas últimas semanas.

Al fin y al cabo, las estadísticas confirman un paso adelante al que ya apunta lo puramente futbolístico. Y es que las fases de grupos europeas que hasta la fecha había disputado la Real, seis entre 2003 y la pasada temporada, habían visto al equipo padecer mucho para certificar cinco clasificaciones. Tres de estas se dieron en la última jornada (contra Galatasaray en 2003, Nápoles en 2020 y PSV en 2021), otra en el penúltimo partido (frente a Rosenborg en 2017) y una quinta hace solo un año (la mencionada contra el Sheriff en Europa League). En la 2013-14, mientras, se produjo la única eliminación txuri-urdin en una liguilla, con motivo de una Champions a los mandos de Jagoba Arrasate y dentro de un grupo que también integraban Manchester United, Leverkusen y Shakhtar. 

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