La organización alerta de que la escasa movilidad entre regiones agrava las diferencias en el mercado laboral
Las posibilidades de encontrar empleo dependen en gran medida del lugar de residencia. En la mayoría de países, la actividad económica y la concentración de empresas sigue distribuyéndose de forma desigual entre regiones. Y en España, estas disparidades son mayores que en gran parte de la OCDE. Según el informe Perspectivas del empleo de la OCDE 2026, publicado este martes por la organización, la brecha entre las regiones con mejores y peores resultados laborales alcanza los 15,5 puntos porcentuales, por encima de la media del organismo, situada en los 11,4 puntos.
En España, la tasa de desempleo en la región con peores resultados, la ciudad autónoma de Melilla, alcanzó el 28,3% en 2024, más de cuatro veces superior a la registrada en Guipúzcoa (6,4%), el territorio con mejores resultados laborales, según la OCDE. Además, los desplazamientos entre regiones son “demasiado limitados” para reducir estas brechas. Según la OCDE, quienes se trasladan tienden a estar mejor formados y a tener una mayor vinculación con el trabajo. Algo que, en ausencia de políticas que reduzcan las barreras a la movilidad, especialmente para las personas con peores perspectivas laborales, puede acabar reforzando las diferencias existentes.
Los datos más actualizados, publicados en la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2026, reflejan que varios territorios ya registran tasas de paro propias de situaciones próximas al pleno empleo. Huesca lidera la lista con un desempleo del 5,56%, seguida de Lleida (7,30%), Guipúzcoa (7,39%), Palencia (7,45%) y Cantabria (7,49%), todas ellas por debajo de la media nacional, que se sitúa en el 10,83%.
En el extremo opuesto, según los datos publicados por el INE para el primer trimestre de 2026, las mayores dificultades para encontrar empleo se concentran en Ceuta (26,1%), Melilla (21,4%) y Cádiz (21%), además de provincias andaluzas como Córdoba (16,7%) o Almería (16,5%). Es decir, entre enero y marzo de 2026, la brecha entre Huesca y Ceuta superó los 20 puntos porcentuales.
En parte, según explica la OCDE, las diferencias regionales en el empleo suelen reflejar disparidades históricas en productividad. Además, agrega que las regiones que albergan la capital suelen ser las más productivas y, en la mayoría de los países de la OCDE, presentan tasas de empleo superiores al resto del territorio. Ahora bien, para la organización, estas diferencias tienen importantes consecuencias sobre las oportunidades laborales disponibles en cada territorio, algo que acaba afectando a los ingresos.
Las desigualdades regionales en el empleo se traducen, además, “en diferencias significativas en los ingresos de los hogares en España”. En concreto, la renta disponible mediana en la región de Madrid es más de 1,5 veces superior a la de la región con menor nivel de ingresos, Almería. Gran parte de esta diferencia refleja las condiciones del mercado laboral. Además, las personas que viven en regiones de bajos ingresos tienen menores probabilidades de subir en la escalera de ingresos a lo largo del tiempo y se enfrentan a un mayor riesgo de estancamiento.
Pese a situarse por encima de la media de la OCDE, el documento para España destaca que, desde principios de la década de 2010, las disparidades regionales en las tasas de empleo se han reducido un 10,4% en términos relativos a la media nacional, en línea con la mayoría de los países de la OCDE. Esto refleja una evolución positiva del mercado laboral en las regiones con niveles iniciales de empleo más bajos.
Estas diferencias regionales, además, se podrían ver agravadas por la actual crisis de vivienda. Esta fue una de las advertencias que trasladó hace ya un mes el Banco de España en su informe anual, en el que advertía que los problemas en el funcionamiento del mercado de la vivienda pueden dar lugar a importantes efectos macroeconómicos y sociales.
En este sentido, el supervisor trasladaba que el aumento de precios y la falta de oferta puede restringir la movilidad laboral y la adecuada asignación de factores de producción. Algo que, como consecuencia, puede generar pérdidas de productividad.
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