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Redacción

La temporada 2025/2026 dejó una mezcla de sensaciones encontradas en la parroquia de Anoeta. La Real Sociedad concluyó el campeonato en una gris décima posición con 46 puntos, una ubicación liguera que no se corresponde, a priori, con su notable caudal ofensivo. El conjunto txuri urdin demostró tener la pólvora intacta a lo largo de las 38 jornadas, firmando la destacada cifra de 59 goles a favor. Sin embargo, la gran paradoja del fútbol golpeó con dureza al cuadro donostiarra: marcar mucho ya no es sinónimo de ganar mucho si no se domina el arte de las áreas.
Para entender la raíz de este problema hay que acudir a una métrica implacable: el ratio de puntos obtenidos por cada gol anotado. Este valor desvela de forma fidedigna cuánta rentabilidad extrae un equipo de sus aciertos de cara a la portería contraria. El veredicto estadístico para el bloque guipuzcoano es demoledor, ya que cierra la clasificación histórica de la categoría como el farolillo rojo absoluto en eficiencia. La Real Sociedad apenas fue capaz de rascar un porcentaje de 0,78 puntos por cada tanto liguero, una cifra raquítica que evidencia una alarmante falta de optimización de sus recursos.
El contraste resulta todavía más sangriento si se compara el rendimiento realista con el del líder de la eficiencia defensiva: el Getafe de José Bordalás. El conjunto azulón, fiel a su estilo rocoso y pragmático, se ubicó en el extremo opuesto al registrar un espectacular ratio de 1,59 puntos por gol. Al Getafe le bastaron unos escasos 32 goles a favor para amasar un botín de 51 puntos y finalizar en la séptima plaza. Mientras en el sur de Madrid cada gol anotado se custodiaba como oro en paño para amarrar victorias por la mínima, en Donostia se disipaban las alegrías ofensivas con una facilidad pasmosa.
El espejo más nítido y doloroso de esta falta de rendimiento se encuentra al mirar al Real Betis. El combinado verdiblanco calcó de forma milimétrica la producción ofensiva de la Real Sociedad, alcanzando también los 59 goles a favor. Sin embargo, la distribución y la gestión de esos tantos permitieron a los sevillanos subirse al quinto puesto de la tabla con 60 puntos en su casillero -un ratio de 1,02-. ¿Por qué los mismos goles se tradujeron en catorce puntos más en el Benito Villamarín que en Anoeta? La respuesta se halla en el equilibrio táctico y en la contundencia de las líneas defensivas.
La explicación matemática al naufragio de la Real Sociedad no admite discusión: los 59 goles celebrados quedaron totalmente sepultados por una sangría de 61 goles encajados en la portería propia. El fútbol de élite castiga con severidad a los equipos partidos, y los donostiarras se convirtieron en un bloque excesivamente vulnerable. Para sumar los tres puntos en cualquier escenario, los pupilos de Pellegrino Matarazzo se veían obligados de forma sistemática a protagonizar partidos locos de tres o cuatro goles, siendo incapaces de anestesiar los encuentros cuando el marcador marchaba a favor.
Esta alarmante fragilidad en la retaguardia se tradujo sobre el césped en una alarmante pérdida de puntos y en un exceso de empates -13 en total-. La Real Sociedad completó actuaciones brillantes con el balón en los pies, pero careció del oficio necesario para cerrar los compromisos mediante el clásico y efectivo pragmatismo. La sensación generalizada a lo largo del curso fue la de un equipo que necesitaba generar un volumen ingente de juego y ocasiones para obtener una recompensa mínima, sufriendo un castigo desmesurado cada vez que cometía un error en campo propio.
La falta de optimización de los goles adquiere tintes dramáticos al comprobar que incluso las escuadras de la zona baja penalizadas por el descenso supieron exprimir mejor sus dianas. El colista de la categoría, el Real Oviedo, firmó un ratio de 1,12 puntos por gol a pesar de perder la categoría con solo 26 tantos anotados. Precisamente por eso no se puede valorar. Por su parte, un Girona FC que bordeó el abismo durante todo el año alcanzó un 1,05 de eficiencia. Prácticamente cualquier equipo de la categoría, con mayor o menor calidad en sus plantillas, supo rentabilizar de manera más efectiva sus alegrías de cara a la meta rival que el cuadro txuri urdin.
El diagnóstico para la nueva temporada 2026/2027 está claro y los deberes para el mercado estival son evidentes en los despachos de Zubieta. El potencial de la plantilla para ver puerta con facilidad está más que contrastado, pero recuperar la solidez defensiva que antaño caracterizó al proyecto de Matarazzo debe convertirse en una prioridad absoluta. Si la Real Sociedad aspira a regresar con firmeza a los puestos europeos, más allá de que este año vaya a jugar ahí, el cuerpo técnico está obligado a reajustar las tuercas defensivas. Marcar goles es la esencia del fútbol, pero aprender a ganar cuando la pólvora está mojada es lo que verdaderamente define a los equipos grandes.
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