El reto no puede ser más difícil. Nada más y nada menos que derrotar al súper Barcelona, que lleva años pareciendo imbatible. Es lo que separa a la Real Sociedad del segundo título de su historia, de volver a escribir un capítulo glorioso como el que escribió hace cinco años en Granada. Ahora el escenario es La Romareda, que acoge hoy (19.00 horas) la final de la Copa de la Reina entre las txuri-urdin y las azulgranas. No va más. De nuevo estas jugadoras están en el último escalón, a las puertas de algo grande.

Han cambiado muchas cosas desde aquella histórica noche de Granada. Para empezar, sólo dos jugadoras repetirán en el once, Nerea Eizagirre y Ane Etxezarreta. De las demás, sólo Elene Lete estuvo en la localidad andaluza, entonces en la grada como tercera portera y ahora como guardameta titular. Cambian las caras, pero estar ahí de nuevo confirma el crecimiento de un proyecto que también se ha asomado una vez a la Champions y que está acostumbrándose a tutear a los mejores equipos de la Liga F.

El problema, y no un problema pequeño, sino gigante, que requiere de armarse de mucha fe, es que enfrente está el Barça, un equipazo que desde 2020 domina con increíble superioridad cualquier competición estatal. Nombre por nombre, las blaugrana dan miedo: Sandra Paños, la guipuzcoana Paredes, Aitana Bonmatí, Alexia Putellas, Paralluelo… mejor no seguir porque todas son muy buenas. No sólo eso. El Barça juega muy bien, presiona mucho a sus rivales y no sólo gana, sino que arrasa: marca más de 4,5 goles por partido y recibe menos de 0,3. Además, su entrenador, Jonatan Giráldez, ha cortado de cuajo cualquier esperanza de posible relajación –por aquello de que en siete días juegan también la final de la Champions– asegurando que su plantilla está “al 100%” centrada en esta final.

Una trayectoria impecable en la Copa

Todo el mundo da por hecho que el Barcelona ganará. Por inercia. Todo el mundo menos la Real, claro, que comparece en la final después de una impecable trayectoria en la Copa. Después de apear al Sporting de Huelva en octavos de final, ha podido con el Levante en cuartos (a partido único) y con el Atlético de Madrid en semifinales (a doble partido). No es poca cosa. Son el tercer y cuarto clasificado de la Liga F, otros dos equipazos a los que la Real ha derrotado. Con sus armas. Con una portería bien defendida, un importante sacrificio defensivo y aprovechando sus armas en ataque, que las tiene. “Somos buenas”, reivindicaba la directora deportiva, Garbiñe Etxeberria, en los días previos. “Tendremos nuestras oportunidades. Confiamos”, señalan en el vestuario. Creer es el primer paso.

Sandra Paños, Jonatan Giráldez, Natalia Arroyo y Nerea Eizagirre, con el trofeo de la Copa. N.G.


Masivo desembarco de la afición

También cree la afición. En vísperas de disputarse la final, 5.500 aficionados ya tienen su entrada para seguir en directo el partido, una cifra que puede incluso subir durante la jornada del sábado. Zaragoza será txuri-urdin en una jornada histórica, ya que, pase lo que pase, supondrá el mayor desplazamiento de seguidores guipuzcoanos con el equipo femenino, duplicando los entre 2.500 y 3.000 que se dieron cita en la final de Granada hace cinco años. Los 5.500 están a la altura de los desplazamientos europeos más selectos del equipo masculino. Así de grande es la cita de este sábado. Así está creciendo un proyecto femenino con 20 años de historia y que cada vez engancha a más gente en Gipuzkoa.

Ese apoyo en la grada seguro que lo agradecen las jugadoras, que tendrán que multiplicarse en el rectángulo de juego. La Real suele tener propuestas ofensivas en sus partidos, pero habrá que ver si en esta ocasión, viendo el potencial del contrincante, Natalia Arroyo opta por esa idea o le tienta la opción de protegerse más. Las dos centrales serán seguramente Etxezarreta y Vanegas, lo que dejaría a Apari como pivote defensiva. El centro del campo lo completarán Andreia Jacinto y Nerea Eizagirre (versión ofensiva) o Iris Arnaiz (opción más defensiva). El tridente ofensivo puede ser para Franssi, Jensen y Amaiur, aunque una de las tres podría salir del equipo inicial si Nerea adelanta su posición. Seguro que Arroyo tiene claro su once y cómo plantear el choque. También habrá que tener en cuenta que el esfuerzo físico será tan grande que las jugadoras de refresco pueden llegar a ser tan importantes como las titulares, así que habrá que guardarse alguna bala en el banquillo.

Posibles alineaciones del Real-Barcelona de la final de la Copa de la Reina N.G.


Claves de la final

Aguantar las esperables embestidas del Barça será una de las claves de la final. Todo apunta a que el equipo entrenado por Jonatan Giráldez saldrá a tope para tratar de marcar pronto, como hace en la mayoría de sus partidos. Todo lo que sea aguantar el empate a cero y que vayan pasando minutos será muy bueno porque puede inquietar a las azulgranas y dar alas a las txuri-urdin. A partir de ahí, tocará también estirarse, porque con defender no valdrá. Nadie aguanta 90 minutos al Barça colgado del larguero. Tocará no solo estirarse, sino acertar. Efectividad del 100%. Eso necesitarán las realistas.

Vale. Son muchas cosas. Defender muy bien, correr mucho, que ellas no tengan el día, acertar todo o casi todo. Se exige la perfección para superar a este Barcelona. A ello tendrá que aplicarse la Real. Tampoco conviene olvidar que esto, al fin y al cabo, es fútbol. Deporte. Por tanto, algo impredecible. Sorpresas ha habido, hay y habrá. Puede que una de esas la protagonice este aguerrido conjunto txuri-urdin, que ha demostrado muchas veces que es muy competitivo. No se arruga en estos escenarios y tiene ambición de grandeza.

Y como último factor cabe apelar a la mística, a lo extradeportivo. A la historia que une a la Real con La Romareda. El maño es un estadio todavía sin renovar, vetusto en comparación con otros campos modernos como puede ser Anoeta, pero se respira fútbol en su verde, en sus gradas, en el hormigón gastado, en las sillas incómodas. Ahí ganó la Real masculina una Copa en 1987 y también ahí ganó una Copa el Añorga femenino en 1991. Hay que apelar a todo para creer. El equipo lo hace y la afición también. Todo es posible con esta Real y en La Romareda.

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