La Real Sociedad derrota al Almería al final del partido (1-3)

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Suelen decir que los títulos y otros grandes éxitos se logran con victorias como la de esta tarde en Almería. Sin jugar bien, con una versión a años luz del despampanante y luminoso traje de Champions, y frente a un colista netamente inferior contra el que no podías perdonar después de haber pagado un precio tan caro como la derrota ante el Barcelona en tu estadio una semana antes. El equipo realista compareció en Almería encabezando la estadística de puntos perdidos después del minuto 89, con cinco, y se fue con un triunfo en el zurrón gracias a un gol de penalti y una sentencia, ambos llegados en la prolongación. Ya lo avisaba Imanol, es una circunstancia que, dada la igualdad que impera en el campeonato, a veces caerá de un lado y otras, del otro. Esta vez tocó cara gracias al balón parado en el que destacó un épico Aritz con dos asistencias en sendas peinadas. 

El mayor mérito de los blanquiazules en esta ocasión probablemente residió en su acto de fe en sus posibilidades y en su afán de atacar cuando de forma incompresible había perdido la ventaja en el marcador y el control del encuentro. Incluso con un buen susto en una caída de Ramazani que, a pesar del habitual forcejeo de Le Normand, pareció poner demasiado de su parte para caer al suelo y reclamar la jugada al existir el contacto de forma indiscutible. 






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Almería-Real Sociedad: las notas de Mikel Recalde
Mikel Recalde

En el descuento, una mano de Akieme, de las que se pitan ahora en el manicomio del VAR, pero que hubiese pasado inadvertida en el fútbol de toda la vida, permitió a los realistas volver a ponerse por delante. Hablando de manos, a Turrientes le anularon un gol que también entra en el nuevo reglamento, porque en realidad la tiene pegada al cuerpo y en alguna repetición hasta parece que le da con el hombro o el pecho (Edgar da la sensación de cortarla con la mano, pero tiene pinta de ser un efecto óptico). Estamos en lo de siempre, una cosa es que el nuevo fútbol sea insoportable por una constante y aburrido análisis con lupa de jugadas punibles en el área y otra que la Real sea la tonta que paga todas las facturas. Si al equipo realista le suelen señalar esos penaltis, qué menos que aceptar cuando se los pitan a favor. Que en demasiadas ocasiones da la sensación de que en caso de duda, a la larga resulta menos conflictivo para los trencillas decidir en contra de los realistas. 

Se veía venir. La desfachatez de la Liga de poner el partido de la Real en el segundo horario del sábado solo tres días después del duelo de Champions ante el Benfica con la única explicación de que necesitaban adelantar el choque a un equipo que les dé buenas audiencias, motivó que Imanol se viera obligado a hacer rotaciones. Las bajas de dos de dos intocables, los sancionados Zubeldia y Brais, sumadas a la de dos futbolistas llamados en teoría a ser titulares fijos como Tierney y André Silva, ya provocaban en un principio que el técnico fuese a hacer cambios. Lo malo es que, a pesar de recuperar a Traoré, había más futbolistas que todavía no se habían sobrepuesto al enorme esfuerzo y eran piezas vitales como Merino y Kubo. Finalmente el oriotarra optó por meter a Aritz junto a Le Normand en el eje de la zaga, con el maliense y Aihen en las bandas. El incansable Zubimendi en el centro del campo, con Turrientes y Zakharyan, y arriba, Oyarzabal y Barrenetxea escoltando a Sadiq en su regreso a Almería, la que fue su casa y donde triunfó hasta el punto de que la Real abonó más de 20 millones por su contratación. Enfrente, el colista de Gaizka Garitano, que no conocía el triunfo en los doce partidos de Liga que había disputado y que solo llevaba tres puntos, a seis de la salvación. 

Como se esperaba, Sadiq fue el gran protagonista del primer acto. El nigeriano acaparó casi todo el peligro que generó una escuadra txuri-urdin con piernas y ritmo plomizos. De largo, sus mejores 45 minutos desde que está en Donostia. A los tres minutos peinó un saque de banda de Aihen y Oyarzabal remató alto, pero a los once, se giró con ese caminar aparentemente patoso, condujo bien hasta la frontal del área, donde conectó un buen remate con su pierna menos hábil, la zurda, que escupió el palo. Una pena, porque la jugada fue de enorme mérito. Poco después, el ariete cambió muy bien de banda para la entrada de Traoré y el centro de este, tras dejarlo pasar Zakharyan, lo remató de nuevo él, pero le taponó un atento Mendes. Edgar culminó el único acercamiento reseñable de los locales en un testarazo que se marchó por encima del larguero. Casi a renglón seguido, otra vez Sadiq cabeceó muy forzado fuera un sutil servicio de Turrientes. Oyarzabal, tras recibir una entrada que le pudo lesionar de gravedad por parte de Robertone, probó suerte tras apoyarse en Barrenetxea pero atajó seguro Maximiano y, después de un chut alto de Turrientes al recoger un rechace, Sadiq estuvo a punto de limpiar la escuadra con una preciosa parábola a la que volvió a responder con seguridad el meta luso.

Una primera parte de claro dominio txuri-urdin que confirmó que todo lo que no fuese ganar iba a convertirse en un tropiezo serio y con un arbitraje nefasto, pleno de faltitas y parones, y con dos tarjetas amarillas surrealistas a Sadiq y Aihen. Sobre todo la de este último. La gracia del tema es que el nigeriano, el mejor hasta el momento, se quedó en la caseta.






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Almería-Real Sociedad: las mejores jugadas
EFE

En la reanudación, ya con Merino y Kubo, la Real jugó peor, aunque llegaron los goles. Primero el de Turrientes anulado, y segundos después el de Oyarzabal, tras la primera peinada de Aritz. A la espera de la sentencia, el Almería encontró por fin una vía de escape a la espalda de Traoré, llegó a empatar en un balón perdido de Kubo e incluso se fue a por el triunfo. Pero la Real se rehizo, estuvo cerca de ponerse por delante de nuevo en una ocasión de Carlos, antes de sus dos goles de oro en la prolongación obra del andaluz, con una contundente transformación, y de Zubimendi

Victoria y al parón. Hay que empezar a asumir que en este curso la excelencia parece reservada para la Champions. Mientras la Real consiga ir ganando los duelos que está obligada a vencer como el de este sábado no habrá problemas, pero la realidad es que en Almería quedaron más dudas que certezas. Lo cual no rebaja el alegrón final. Ya lo saben porque lo hemos sufrido, no hay nada más bello que un gol decisivo de tu equipo en el 90′.

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