Cuando faltaba una hora para que empezara el partido y supe de la alineación de la Real Sociedad, mi cabeza enseguida pensó en el 4-4-2 con rombo que dibujaría luego el equipo. Me parecía una alternativa muy coherente para hacer daño a un Mallorca que venía empleando el mismo esquema, aunque con doble pivote, y que había sufrido ante rivales que le habían enganchado en los pasillos de dentro, entre lateral, mediocentro e interior. Minutos después, sin embargo, se conoció el once de Javier Aguirre, quien regresó al 5-3-2 y me llevó así a la incertidumbre. ¿Reaccionaría Imanol tirando a Zakharyan a la izquierda de un 4-3-3? ¿Mantendría el rombo pese las circunstancias? Apostó por esto último y vimos una mala primera parte, porque me atrevería a decir que el esquema rival pilló al oriotarra algo a contrapié. Si fue así tuvo tiempo, en cualquier caso, de matizar cositas en el vestuario, antes del calentamiento, y conseguir que, desde fuera, a su equipo se le apreciaran claramente las intenciones ofensivas.
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