Imanol insiste en no normalizar lo extraordinario. Que el Madrid sume cinco clasificaciones europeas seguidas es una obligación; que lo logre la Real, algo extraordinario mientras acumula 32 partidos continentales que valen para subir del 79º equipo europeo al 38º. Del repaso al que le sometió el United en el exilio Turín a la exhibición de la primera parte de París. Por eso, enfada que el equipo que arrasa Lisboa no pase del empate en Las Palmas o en Vallecas, saque un punto en Anoeta contra el Celta o pierda contra Osasuna. Partidos que enseñan qué mejorar y compatibles con lo que dice Imanol. La Real ha conseguido algo histórico: cinco billetes consecutivos para Europa. A 20 kilómetros de Donostia (quizá por eso sus éxitos no tengan tanto reconocimiento), el Bidasoa sumó en una década una Copa de Europa, una Recopa, dos ligas, dos Copas, una Copa Asobal y una Supercopa. El año siguiente de ganar la primera Champions del deporte vasco, el Bidasoa acabó tercero en Liga, campeón de Copa y clasificado a la final de la Copa de Europa contra ese Barça que se había llevado a Tomas Svensson y venía de cosechar 58 de los 60 puntos de la Liga. A los días de perder la final europea, un socio que podría leer a Imanol se encontró con el presidente amarillo, Beñardo García, y escueto, le preguntó: “Mal, ¿no?”.
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