El jueves que viene, el 27 de junio, se cumplirán 40 años de la famosa final de la Eurocopa de 1984 en la que Francia se impuso por 2-0 a España. El partido quedó grabado para el recuerdo por el doloroso error del arquero de la Real Sociedad, Luis Miguel Arconada, en la jugada del primer gol, en la que detuvo en primera instancia el lanzamiento de Michel Platini pero, al caer al suelo, tuvo la mala suerte de que se le escapó por debajo del su cuerpo la pelota y, a pesar de su rápida reacción, no fue capaz de sacarla antes de que traspasara la línea de gol.

Una pena, porque esa acción manchó de forma injusta probablemente la mayor exhibición que había firmado un portero en una fase final de selecciones con dos actuaciones estelares ante Alemania, en la última y definitiva jornada de la fase de grupos, y frente a Dinamarca en las semifinales. En teoría y sobre el papel dos rivales bastante superiores a los españoles que lograron certificar su pasaporte para la final gracias a los milagros de su irrepetible guardameta.

«Arconada tenía una enorme carrera a sus espaldas»

En una entrevista concedida a la revista Panenka. Platini ha reconocido que ni celebró el gol por respeto a Arconada al ser consciente de lo que tenía que estar sufriendo por el accidente que provocó la diana: “Al descanso, el marcador seguía sin moverse y Francia no encontraba el camino del gol. Pero a la hora de juego, Bernard Lacombe logró un libre directo cerca del borde del área… Estaba bien situado para mí, un poco a la izquierda. Sé que en la portería no estaba un cualquiera, estaba Luis Arconada. Un tiro libre era una lucha de poder entre el portero y yo. Estaba la barrera, él elegía dónde se iba a colocar: era como un juego de engaños. Me di cuenta de que él pensaba que iba a tirarla por encima de la barrera, tenía previsto tirarse ahí. Así que le pegué bastante fuerte desde el otro lado, hacia su poste izquierdo. Él fue hacia su derecha al principio, luego volvió, pero el balón siguió girando y con el efecto pasó por debajo de su cuerpo. Como sentía un inmenso respeto por Luis Arconada, que tenía una enorme carrera a sus espaldas, no lo celebré. No quería celebrar el error de un portero. No es el gol que me hubiera gustado marcar, hubiera preferido marcar el gol de Bruno Bellone [el que supuso el 2-0]. Aunque íbamos ganando por 1-0 en la final de la Eurocopa, estaba molesto por lo de Arconada. Por supuesto, por dentro estaba contento, pero no iba a pasearme por todo el campo como si hubiera marcado el gol de mi vida”.

El eterno 10 galo también explicó que después de aquella maldita noche para el mito txuri-urdin se han vuelto a ver y han actuado como si no hubiese sucedido nada: “Sí, incluso le invité a la final de la Eurocopa de 2008, cuando yo era presidente de la UEFA. Nos saludamos y fingimos que no había pasado nada. Para mí, es como cuando un jugador falla un penalti; no se lo puedes reprochar”.

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