Qué ver en dos días en Lisboa, el Atlántico a ritmo de fado

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Lisboa es probablemente el destino más sencillo al que llegar, ya que además de contar con vuelo directo desde el aeropuerto de Loiu, los 917 kilómetros que la separan de Donostia pueden fácilmente salvarse en coche.

La capital de Portugal es una ciudad estupenda para disfrutar de unos días de turismo. Eso sí, lleva calzado cómodo porque sus empinadas cuestas y sus calles adoquinadas acaban pasando factura al acabar el día.

Toda visita a Lisboa debe arrancar en la Plaza del Comercio, una neurálgica explanada flanqueada por el río Tajo a un lado y la Via Augusta, la principal arteria comercial de la ciudad, en el otro extremo. La plaza de Rossio o Don Pedro IV, con su magnífica estación de tren, y la plaza dos Restauradores están también en esta zona. Si quiere ver cómo queda una gran iglesia del siglo XIII tras varios terremotos y un incendio, no deje de visitar la iglesia de Santo Domingo, en la trasera de una de las esquinas de la plaza de Rossio. Cerca también podrá tomarse un típico café portugués en establecimientos de época como Figu’s, en la plaza da Figueira.

Podrá tomar uno de los ascensores que hay en Lisboa, como el de Santa Justa, para acceder al Bairro Alto, por donde pasear al atardecer y dejarse caer por algún local de fado.

Al estadio en Lisboa

  • Metro, la mejor opción. La línea A (azul) dirección Reboleira recorre todo el centro desde la estación de Santa Apolónia es la mejor para acercarse desde la zona la plaza de Comercio, Baixa-Chiado, Cossío y Restauradores hasta el Estádio Da Luz, que tiene dos paradas en sus cercanías: la primera en destino al campo, la de Alto dos Moinhos, y la siguiente, la de Colégio Militar/Luz. Desde la plaza Rossio hasta el campo de fútbol hay una caminata de casi hora y media por las principales avenidas como Libertade, Augusto de Aguiar, Combatientes y Lusíada.
  • Como en el resto de desplazamientos, se recomienda seguir los consejos de seguridad que tanto la Ertzaintza como la Policía de Portugal emitirán para la afición visitante en cuanto a zonas de la ciudad a evitar.

En esta zona de la ciudad, el mirador de San Roque ofrece unas vistas privilegiadas, antes de llegar al Convento do Carmo, muy peculiar al mantenerse únicamente su fachada (no tiene tejado y actualmente es un museo). El Bairro Alto es uno de los lugares obligados para la marcha nocturna en Lisboa, donde viven miles de estudiantes. Calles como la de Diário de Notícias, la rúa do Norte o la rúa da Barroca y las aledañas rebosan vitalidad por las noches.

Alfama y sus estrechas callejuelas, también merecen dedicarle varias horas. El tranvía 28 hace recorridos circulares por sus calles y se ha convertido ya en una de las atracciones turísticas de la ciudad. En pleno barrio se encuentra la catedral (Sé de Lisboa), un edificio de estilo románico cuya fachada está flanqueada por dos torreones, dándole aspecto de fortaleza medieval.

A escasos metros, los miradores de Santa Lucía y Portas do Sol ofrecen bellas instantáneas de la ciudad y el río Tajo.

Otra de la vista más preciada de la ciudad es la que ofrece el Castillo de San Jorge, una fortaleza del siglo V, enclavada en la colina más elevada de Lisboa.

Otro de los imprescindibles de Lisboa es el barrio de Belém, famoso por sus conocidos pastelitos de nata o pasteis de Belém. La torre de Belén, el monumento a los Descubridores o el monasterio de los Jerónimos son algunos de los atractivos de esta zona de la capital lusa.

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