Real Sociedad: Unai Marrero salva el empate ante el Atlético en un buen test

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La Real todavía no estará preparada del todo para comenzar la Liga, pero lo cierto es que en un duelo de máxima intensidad y exigencia, como es siempre un test ante el Atlético, compitió a buen nivel. Sobre todo en una primera parte en la que fue superior y mereció ponerse por delante gracias a la magia de Barrenetxea. Tras el descanso, las paradas de un Unai Marrero, que incluso detuvo una pena máxima a Memphis en una acción que dará la vuelta al mundo al quedarse quieto y atrapar la pelota como si se la pasara un compañero o un niño, le permitieron evitar la derrota. El portero parece haberse ganado de forma definitiva el dorsal número 13 de segundo meta.

Un escenario monumental, con mucho cemento al descubierto y un césped deplorable impropio para albergar un duelo entre dos equipos de élite que dentro de diez días comenzarán la competición oficial. Todo bajo un calor seco sofocante, que no impidió que algún suicida decidiese jugar con manga larga como Griezmann o Morata. Y un colegiado de chirigota, más preocupado en señalar tonterías que en dejar juga que era de lo que se trataba. Así es la gira americana de la Real que tanto ha enervado antes de viajar a Imanol. El técnico repitió entramado defensivo para intentar asegurarse desde el primer día la misma solvencia que en la campaña pasada. Con Traoré formando línea con Zubeldia, le Normand y Aihen. Zubimendi y Merino por delante, acompañados de Kubo, que fue la gran novedad por dentro. Y con Oyarzabal, Carlos y Barrenetxea en el ataque. Principal distinción de este último, que estuvo en todas las jugadas de peligro que generaron los blanquiazules. Eléctrico, inspirado y con confianza, el donostiarra ha recuperado su fútbol una vez sofocadas las llamas del infierno que sufrió con su lesión y apunta a ser uno de los principales elementos diferenciales del equipo para esta campaña. Esta madrugada se las vio con su compañero de selección Riquelme, a quien le amargó el partido cuando le tuvo que intentar frenar.

Menos participativo estuvo Kubo, al que no se le vio muy cómodo en un territorio inhóspito cuando tienes enfrente el Atlético. Oyarzabal continúa persiguiendo alcanzar su velocidad de crucero para convertirse en el martillo pilón que tanto añoramos y al guerrero Carlos, que se parte la cara con quien sea y que es una dolor de cabeza en la presión, le sigue faltando lo más importante, reconciliarse con el gol. Atrás, Traoré dejó claro que la banda se le queda corta en ocasiones por sus magníficas facultades físicas, aunque todavía le falta familiarizarse con el estilo de juego y el fútbol de sus compañeros.

La Real completó una buena primera parte. Seria, concentrada y muy competitiva. Dominando a todo un Atlético, del que cuentan que ahora es más alegre, pero que se protegió como de costumbre con Simeone para enfrentarse a los blanquiazules con estrechos marcajes al hombre en la medular. Al minuto de juego, Carlos no pudo cazar un buen robo en la presión de Merino. Segundos después, el añorado Griezmann metió un pase precioso a Morata cuya finalización la salvó en su desesperada salida Remiro de forma no demasiado ortodoxa. Superados los 20 minutos, Barrene no logró superar a su amigo Riquelme tras recibir un pase de Merino y poco más tarde, una interesante rosca no encontró la escuadra de la meta de Oblak. La mejor ocasión txuri-urdin llegó en una falta botada por Kubo que cabeceó en el segundo palo en forma de centro Merino y que Carlos, un poco forzado, remató también con la testa por encima del larguero. En la jugada siguiente, el colegiado que amonestó a le Normand y Carrasco por empujarase antes de un jugada a balón parado, obligó a Traoré a salir del campo tras la pausa para refrescarse por haber sido atendido cuando dio permiso y que no permitió el saque de esquina en la última acción antes del entreacto, no señaló un penalti clarísimo por mano de Carrasco. Lo típico. En la última jugada destacable, Barrenetxea proyectó en el área a Aihen, pero Carlos no llegó a su centro.

En la reanudación, ya con el carrusel de cambios, el partido perdió bastante intensidad y atracción. A destacar la entrada del juvenil Jon Martín que juega con un aplomo, una serenidad, una tranquilidad y una confianza que no tarda en corfirmar todas las extraordinarias expectativas que tienen puestas en el club en su futuro (y, por lo que se ve en esta pretemporada, también presente).

A la Real le costó más llegar a los aledaños de la meta rojiblanca. Navarro no estuvo fino en una rápida contra comandada por Kubo y Karrikaburu tampoco fue capaz ni de buscar portería tras una larga conducción. En el otro área, Jon Martín salvó con el cuerpo un peligroso disparo de Correa.

Diego Rico disparó rozando la escuadra, después de una gran maniobra de Brais, que promete muchas alegrías esta temporada, justo antes de que Marrero, que llegó un poco tarde, cometiera un penalti de libro sobre Memphis que tampoco quiso ver el pintoresco trencilla. En cambio el que sí señaló otro por una mano de Jon Martín, quien se despistó al coger el balón con la mano pensando que era saque de puerta cuando no había salido. Memphis se pasó de listo y Marrero se quedó quieto para blocar su lanzamiento a lo Panenka.

En una acción aislada, Karrikaburu, con el olfato de goleador intacto en unas horas complicadas para él para aparecer en el sitio exacto, aunque no logró superar a Grbic tras una asistencia marca de la casa de Navarro. Un seguro Marrero también se hizo grande para evitar el gol de Lino en el mano a mano.

Ya en los minutos finales, Brais probó suerte desde lejos pero atajó el meta balcánico y, de nuevo el infranqueable Marrero, salvó de nuevo el empate con la mejor intervención de la noche a cabezazo de nuevo de Lino. 

En definitiva, como diría un antiguo madridista, un empate fuera de casa siempre es un buen resultado. Si encima te permite rodar y afinar la puesta a punto con la el inicio de la Liga a la vuelta de la esquina, mejor aún. Y si enfrente tenías a todo un Atlético, el valor de la consiguiente inyección de autoestima y confianza simplemente es incalculable.


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