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Periodista
No es la Real Sociedad un equipo especialmente fiable cuando se trata de resolver partidos en inferioridad numérica; es más, se podría decir que suele sufrir transformaciones tales, que resulta casi irreconocible. Porque, aunque la famosa frase de Helenio Herrera de que “con diez se juega mejor que con 11” es una perfecta falacia, es cierto que también hay que saber jugar ese tipo de partidos, porque nada está definitivamente sentenciado hasta que el árbitro pita el final. Y un ejemplo palmario lo encontramos en el partido del lunes en el Martínez Valero, donde todo parecía concertado para asistir a una derrota de los de Matarazzo. Una decisión controvertida que anula un gol, que hubiera sido definitivo, una expulsión absolutamente insostenible, y un Elche que, viendo una puerta abierta, decide entrar en el partido, para voltearlo casi definitivamente. No hubiera sido justo, ¿pero qué más le da al futbol la justicia? Los resultados se consiguen, no se merecen, nos guste o no, y la Real los mereció, pero estuvo a punto de no conseguirlos. Y en una jugada postrera, y atentando contra toda lógica, anotó el gol de una victoria, que ya parecía imposible. El fútbol tiene sus propias leyes, y una de ellas es que no siempre sucede lo que todos esperan… sino todo lo contrario.
Dicho esto, y celebrando que el desenlace fuera el que fue, habremos de convenir que, una vez más, la Real no supo manejar un partido en inferioridad, ni poner a buen recaudo una ventaja importante en el marcador. En estos casos se suele decir que le faltó oficio, y probablemente fue cierto. Sufrió en exceso frente a un Elche que parecía entregado ante la superioridad realista. Es verdad que nunca debió llegarse a un escenario semejante pero, puestos ya, la respuesta debía ser otra. El equipo no mostró la fortaleza de ánimo y la entereza necesarias para gobernar estas coyunturas. Deberá enfrentarse en el futuro a tesituras similares, y no siempre encontrará ese punto de fortuna que alinee los astros a su favor, porque eso sólo sucede muy de vez en cuando.
Desde la llegada de Matarazzo a la Real Sociedad, una de las notas distintivas del juego realista es la verticalidad por encima de todo tipo de especulaciones, muchas veces estériles. El balón, sólo si sirve para hacer daño al rival; si no, da un poco igual que lo tengan ellos; ya lo robaremos y haremos daño nosotros. Esa es una de las máximas irrenunciables. A cambio, la sensación de control desde el balón de antaño, de los mejores tiempos de Imanol, parece haber desaparecido. La Real ya no es el equipo mandón de tiempos pretéritos, que intentaba imponer sus propias reglas de juego. Ahora parece más proclive a aceptar lo que proponga el rival, a condición de poder aplicar la velocidad, la verticalidad y el vértigo, en cuanto las circunstancias se tornan propicias. Todo esto parece encontrar un fiel reflejo en los números del equipo, que sigue haciendo goles, sin la necesidad imperiosa de generar en exceso pero que, por contra, sigue permitiendo demasiado al equipo que tiene enfrente, que tiene la “mala costumbre” de aprovecharlo. De las condiciones de ese equilibrio, en qué medida predomine uno sobre otro, determinará el sino de la temporada. Las estadísticas del año pasado reflejaban una situación insostenible en el tiempo. Veremos qué pasa esta vez.
En la semana en la que se ha hablado, y mucho, de Ochieng, su sustituto, me gustaría recordar al gran ausente de Elche, Take Kubo. Que no es el de otros tiempos, parece algo obvio, hasta para el propio Kubo. Se lo ha recordado Matarazzo en la previa de Elche, y estoy convencido de que el de Kawasaki está dolido. Dolido consigo mismo, al no poder ofrecer su mejor versión. Algunos, tal vez, lo han olvidado. Yo, no puedo.
Sorprendió un tanto la decisión del entrenador de situar bajo los palos a Marrero en lugar de mantener a un entonado Remiro. Que el debate en la portería está abierto es algo que ya nadie puede rehuir. Y la decisión de Elche no hace sino alimentar esa tesis. En esta oportunidad, el entrenador no ha esperado a la llegada de otra competición para dar la alternativa a Marrero. ¿Es el primer paso en una dirección concreta?


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